Vuelan bajo los pájaros
su pecho es el duro casco del titanic
buscando la montaña
el frío invisible los lleva al norte
al encuentro del hielo inexpugnable
de la resurrección.
Vuelan bajo los pájaros
su pecho es el duro casco del titanic
buscando la montaña
el frío invisible los lleva al norte
al encuentro del hielo inexpugnable
de la resurrección.
Llamo a mi paloma
mensajera y le suplico
por piedad que vuele lejos
que no caiga
en la tentación de abrir su pico
y perder ese poema que escribí cuando fui niño
quiero
le digo
que cuando cruces el infinito del aire
lo dejes suavemente al borde de la cama
de aquel hombre que espera
dormir después de saber
quien es.
Y comenzó a oírse una música de violín
era cuando la tarde ya rota y pasada por la lejía de los credos iba a morir
unos hombres y unas mujeres con esvásticas grabadas en su corazón cantaban alborotados cantos
no sabían lo que llevaban tatuado en su carne y aún así cantaban
profesaban el credo inmaculado del progreso
tocaba el violín una melodía extraña capaz de llevar al sueño a los luchadores
hacerles desaparecer para ser sólo un pueblo o un algoritmo salvador y popular
el violín vibraba sus tripas que aún eran tripas de exterminio
era cuando la tarde aséptica ronroneaba cara la muerte
sólo los pájaros eran puros y volaban hasta donde los rezos místicos alcanzaban a llegar
un hombre y una mujer descubrieron su pecho
y miraron su esvástica grabada
los pájaros compadecidos arrancaron con sus picos las espinas de sus cruces
y el hombre y la mujer con los ojos cerrados
empezaron cuando llegó la mañana sus trabajos abrazados.
1 EL ÁRBOL
Tiembla el árbol
Sus últimas hojas ríen en medio del aire
Aún cantan juntas la balada del otoño
El viento silba
Cierran los ojos y guardan para siempre
la otra primavera.
2 EL PÁJARO
Un pájaro me mira
Su pico abierto muestra el abismo de su cuerpo
Allí vive el silencio
La casa de los cantos
La fábrica del aire que hace sus caminos
En su quietud enseña el misterio: el vuelo
Abre y cierra el pico y así construye el principio de los signos
Su buche tiembla y sus ojos
leen con amor este poema que yo escucho.
era cuando los mirlos proclaman la alegría de la vida
cuando el coro de las horas hace la mañana
cuando todo el aire crea una inspiración que puede romper el mundo
en busca de la luz
levantó sus brazos
y las manos se vieron cara a cara
mujeres y hombres caminaban y hacían orillas en los ríos
no sabían si a la tarde volverían a casa
un viento de minutos y segundos les empujaba
y pronto llegarían al destino
un ruido de máquinas y discursos
que como balas atravesarían sus cuerpos y sus almas
y aún así cantaban a la par que los pájaros
era un rezar unánime que violentaba el orden de los tiempos
Había una vez un pájaro
que por saber cantar cantaba
un canto tan revoltoso que loco volvía
a quien pudiera escucharlo;
rompía con el pico lo que nunca llegaba a ser melodía,
no usaba estribillos y el sonido se hacía humo antes de diluirse en un silencio que ya no tenía posibilidad de vuelta atrás,
era un pájaro que al cantar disolvía a quien lo oyera,
era un pájaro que por saber cantar se hizo música, mas no piedad.
Era un pájaro que por saber volar
hacía que el aire se encabritase y esculpiera con sus propias manos
unas galerías apenas transitables por las que ni aquel capitán Castaño
hubiera podido precipitarse en una mañana de gloria.
Era un pájaro amigo,
amigo pájaro,
que aún guardo en la memoria de los imposibles vivos.
Hoy en el suelo he visto un pájaro caído
muerto:
el pico abierto
la imagen misma del silencio
de la quietud
del olvido
No sé si en el último momento
estaría cantando
probando un tono para la última llamada
o en silencio
tomando el aire necesario para aquel vuelo futuro
Sé que nadie guarda su canto en ninguna memoria
su piar
habrá quedado perdido para siempre
entre el aire
y entre el ruido
Era un pájaro humilde:
sus alas le cubren como una manta pobre
hasta el último momento le han dado fiel calor
sus alas
su fortuna
el timón de su vida
Era un pájaro pequeño
de los que tienen mil nombres
rebelde a los alambres de espinos.
Fue un pájaro libre
alguna vez vivió en lo alto del mundo
y miró con amor el declive gris de las ciudades.
¿Ves ese pájaro?
¿El primero? ¿El que marca el camino?
No, cualquiera de ellos. ¿Lo ves?
Pues ese pájaro ha vuelto. Te busca a ti, el pájaro.
¿Me busca?
Te busca para que lo mires. Para que observes su vuelo. Su aleteo. Le gusta que lo mires.
¿Es un pájaro soberbio?
No. Es el pájaro que vuelve.
¿El mismo pájaro de siempre?
El del año pasado, el que vio volar tu padre. Míralo, mírale las alas. Las manchas grises de sus plumas.
¿A dónde va el pájaro? ¿De dónde vuelve?
Va y vuelve. Trae en el pico restos de los muertos.
¿Nunca muere el pájaro?
Lleva en el pico palabras que dijiste. Risas que inventaste. Besos y lágrimas.
¿Me conoce?
No. El pájaro no conoce. Sólo sabe volar y hacer con las nubes el suelo de la edad.
¿Qué pájaro te gusta más?
Aquel, ¿lo ves? Aquel que lleva un objeto extraño en el pico.
Ojos que solo ven ceniza
telarañas negras
ojos de plomo que se dejan vencer por el peso de los años
que tienen miedo de la luz
ojos que buscan la ceguera de tan cobardes
el sofá de la muerte.
En el parpadeo
alcanzan a ver un pájaro que vuela al vuelo
y resucitados recuerdan la luz
el río
las lágrimas
el mar
y encuentran frente a ellos una montaña cubierta de nieve
y plantas salvajes brotando de los pliegues inocentes de la niña
diciéndoles que les estaba esperando para ofrecerles un ramo de lavandas.
Y vuelven a mirar esforzados los ojos
buscando la bondad que tiembla en la tierra
perseguida y convertida en un polvo sin tierra
Los ojos no se cansan
buscan y buscan y viven de una vez
y cuando se cierran mueren de una vez
y ven y han visto.
Lo que ahora escucho no es el pájaro cantar:
es su recuerdo que el oído guarda para mi.
Ya nunca estará el pájaro volando alrededor,
aunque guarde el dulce despertar
de aquellos trinos que estallaron envueltos en una luz interminable.
Ahora es mi yo quien repite lo que fue,
copia del recuerdo lo que ya no está.
Es la misma dicha de leer al muerto,
el que me enseñó a vivir y a crecer,
a ser como la hierba, pobre, verde, deseada,
ajena a los caballos que vendrían,
sólo hierba mojada en la niebla que oculta la caricia
No existe el pájaro
lo que ves es el aire ondulándose
en un solo vuelo de manchas negras
dobla el ocaso y tuerce su camino
hacia un centro que está adentro
en el adentro del todo
se oye la agonía
los lamentos de tanto sacrificio
por volar a ese destino cada tarde.