Mostrando entradas con la etiqueta Encuentros con lo real. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Encuentros con lo real. Mostrar todas las entradas

martes, 19 de noviembre de 2024

MAÑANA

 






apareció

vestida de niebla

humedecida de tanta bendición de tanto amor que le fue dado

sus manos venían de vestir al muerto

sus ojos de un sueño consumado

sus pies del camino y de recibir el frasco de perfume

su voz venía de llamarme tantas veces

su materia de hacerse presente para siempre

siquiera en un rincón pobre de mi casa

por eso abrí la puerta y dejé que el viento me abrazara





jueves, 23 de mayo de 2024

NO EXITE EL CENTRO DEL HORROR

 




                                                                                   Fotografía de Lajos Koltai. Sin destino




No existe el centro del universo

ni existe el centro del horror

pero puede existir un altar donde se celebre que no existe el centro de la nada

donde se recuerde el horror concreto y la sangre concreta de los desechos del horror

así alguien contará que el horror ha existido

que los pueblos se lavan las manos con la sangre y borran el horror con el horror

y gritan ¡viva el horror!

Como nadie es inocente todos queremos ser verdugos

por eso hay que elegir un altar entre el horror

para hacer un espacio libre y sosegado donde solo brille la ignorancia

celebremos el no saber

la inocencia podría salvar a quien quisiera ser salvado por ella

moriremos sin saber nada del horror

cuando escuche los últimos cantos que me sean otorgados

sabré que nunca supe nada

y también oiré un grito infinito que querrá decirme cómo me llamo.


                                                                                                           Lajos Koltai. Sin destino




martes, 12 de septiembre de 2023

DESPUÉS

 



Después, ya sólo vi un rostro borrado.

La última patria. La última cama. La última cena. 

Nada.

Sólo eran huellas también borradas

de los pasos que dimos ebrios y manchados de barro en un lienzo iluminado.




domingo, 3 de octubre de 2021

FUEGO DEL PARAISO





 

 

Es lo que tiene vivir en el paraíso. No hay que mirar siquiera  al árbol de la ciencia, porque allí se vive en un  un conocimiento recién nacido, que no necesita contrarios para inventar los signos: te amo con solo abrir los ojos, sin mirar, sin nada. 

Un amanecer es el amanecer y nunca puede terminar.

Ni fin ni para qué son necesarios, no existen en el paraíso.

Ahí se juega a observar los nidos que crecen en el árbol de la vida.

Los animales son todavía inocentes y los mares limpios están llenos de agua pura.

En el paraíso se escucha todavía el ronquido suave de dios, que antes de despertar y de saberse sólo dormía, apaciguado de sí.

Antes de dios no había dios, sólo sueño.

Es el rumor. Un rumor incesante que acompaña suavemente todos los movimientos de las cosas, de las hojas, de los animales.

Tan cerca estás del fuego primitivo que puedes arder. Vivir en el paraíso es estar al lado del fuego creador.

La poesía, que es otra forma de fuego, se extiende trazando calles irreconocibles, donde más tarde serán construidas las ciudades que mitiguen el dolor que traerá el paso hacia adelante al que fuimos/seremos empujados.



 


miércoles, 22 de septiembre de 2021

PSICOPATOLOGÍA DE LA VIDA COTIDIANA: PAISAJES CIUDADANOS








 



                                                                       ELLA


Era tan pobre que solo tenía una casa vacía. Solo tenía el vacío que alojaba aquella casa vacía. Sin embargo, ella sabía muy bien que ese vacío era inabarcable, difícil de controlar, imposible vigilar sus límites, heroico el defender sus fronteras. Así que tuvo que dedicar su vida a esa tarea imposible. Era muy pobre, sin embargo estaba obligada a administrar una hacienda que tendía a ser infinita. Un gramo de vacío es un océano, se decía a sí misma. Aunque, en realidad, no se decía nada a sí misma. O si se lo decía (nunca hablaba a los demás) lo hacía con hechos consumados; padecía un lenguaje hecho de cosas, de objetos macizos, de actos sin marcha atrás.

Los que la rodeaban, su familia, sus vecinos, sus colegas, la gente del mundo, en definitiva, la veían como a una mujer rara, inclasificable, intraducible. Su cuerpo era hiperreal y sobresalía del aire, y del entendimiento, de una forma ofensiva y sensual. Producía una excitación insultante y una ternura que debía ser reprimida al instante. Nadie de los que la veían eran conscientes de la confusión que les producía su presencia, del desorden eléctrico a que eran sometidos solo con verla. No eran conscientes. La gente, al verla, cerraba los ojos, o escupía imperceptiblemente, o le daban la razón sin escucharla. Sin escuchar el soliloquio de sus labios apagados.

Ella defendía el vacío. Había aceptado encomendarse a recogerlo, a ordenarlo. Antes, había tenido, cuando apenas era una niña, un novio que, perdidamente enamorado, se esfumó muy pronto, ardido de unas llamas extrañas, se fue, se fugó, murió. Así fue como ella comprendió que el vacío era una patria obligada, y que bien pudiera ser que contuviera potencialmente todo, y que, en ese caso, ella, hecha una demiurga enloquecida, se viera obligada a emprender una nueva creación.

Cerraban los ojos, los otros. Sus ojos, los suyos, no veían sino la alucinación que marcaba su destino: su trabajo infinito. Su cuerpo exhalaba un perfume que perturbaba cualquier posibilidad de paz.

Si la abrazaras, ella trazaría signos con un arma imaginaria (dura como el cristal de un espejo roto) que vendría a recordarte que no eres nada, nadie, o que, en otro orden de cosas, eres un monstruo que quieres invadir su territorio y aniquilarla para siempre.



martes, 27 de abril de 2021

¿HACÍA FRÍO?

 




Si hacía frío lo sabe la tarde;

preguntaré a la tarde,

y que me diga porqué temblabas tanto


sabía que el movimiento del mundo iba a ser, en adelante,

un reloj de arena

cayendo infinitamente

en la muñeca de aquel verdugo,

que se acercaba despacio a despacharnos,

mientras hacía una mueca espantosa para tapar la risa

que le atacaba.



jueves, 29 de octubre de 2020

ENCUENTRO CON LO REAL: Primera tarde




                                                                                                                                                                                        Cabo de Gata
 


    Primera tarde



Era un utrero

que si bien veletón no pasaba de niño

y apenas las moles salieron al castigo

sacó la pierna el otro niño insomne y vertical que lo esperaba en la raya de las tablas

y levantando la mano detrás del abanico rosa

le llamó, y sobre sí mismo derrotó el primero en la cita obediente de la sangre,

del amor,

y ya en el suelo,

en esa patria donde ocurren las cosas sin remedio,

quedó señalado para siempre,

y toda su vida en adelante sólo fue un mirar por mirar para no llorar,

ya siempre cosido a la tierra y al instante

indisoluble,

a solas aquella tarde.