jueves, 10 de septiembre de 2026

 






                             VIAS NERVIOSAS



                                            Segunda parte





Hasta el final, dure lo que dure, lo que va a transitar por estas Vías Nerviosas va a ser un largo poema fragmentario con veleidades postapocalípticas y decididamente filomístico, es decir, con la mirada en una lejanía fértil que combata la miseria y la falacia de los decires tontos que nos ordenan la vida y la muerte.

Lo místico pretende ser, llegarse a ser, un lenguaje otro, tan otro que no existen recursos en el lenguaje utilitario que puedan decir algo de aquel, siquiera que es un lenguaje. Lo más lejano, lo sólo mirado. Es el silencio que se cuela sin ser silencio detectable. Lo místico puede nombrar veladamente  lo insoportable sin que se rompa el lenguaje en el acto de decirlo.

Pido a las santas y a las brujas, que se atrevieron a mirar, a ensombrecerse mientras se asombraban de ver lo que veían, y a decirlo por escrito, que me transmitan algo de su bondad y de su fuerza.

Así sea.





                                                                   1


                                              Explosión de la metáfora (*)



Era un hombre que tenía la forma de un monigote pintado por un niño.

Me miraba a los ojos.

Movía su brazo y me mostraba

con ardor

un lugar: el mercado donde compraba la comida su madre en otros tiempos.

Sonreía,

todo en él era beatífico.

El hombre tenía la cara de color naranja.




(*) Se refiere al segundo tiempo de la metáfora. Tras el trabajo de la condensación las fuerzas opuestas, la disgregación, la explosión, deshacen los sentidos ocultos y germinativos creados en el primer tiempo y lanzan un sinfín de sinsentidos que apuntan a cada partícula del universo, conectándose todas y cada una de ellas con el pobre yo que habla.

Por eso, el verdadero título del poema es “ Santa Teresa de Jesús recuerda a su confesor en un momento de calma”