miércoles, 28 de octubre de 2026

 

                          Enrique Vila Matas

                                     

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TRATADO BREVE SOBRE LAS DESAPARICIONES



Cuando ya hubo desaparecido (*)

se encontró de bruces con el hombre de la gabardina oscura

y se saludaron sin mirase a la cara

mientras se cruzaban unas vocales de arena.

Ya difuminados, cada uno se sentó en una mesa distinta mirando al mar.

Pidió uno un martini seco y el otro un bocadillo de calamares con un tinto de verano.

Qué bien se está en ningún sitio,

pensó uno.

Qué ganas tenía de meterle mano a este horizonte,

pensó el otro moviendo los labios,

dejando escapar migas de pan y trozos de rebozo de sus calamares.

De repente un avión ficticio, posiblemente teledirigido, lanzó unas bombas incendiarias

y el escenario se renovó en un pispás y quedó dispuesto para nuevas desapariciones.



(*)

Lo que puede ocurrir en el espacio de tiempo inconmensurable durante el éxtasis y/o la levitación no está sujeto mas que a la lógica de las narrativas puras y sublimes.

Un día, al despertar, me encontré a mi lado la boca de D. Enrique dictándome al oído un cuento fabulario donde un guardia con casco blanco se comía un pavo que le había regalado un motorista acomodado el día de Nochebuena. No recuerdo el final, pero sí el suave olor a golosina de la boca de D. Enrique.

Viene a cuento este recuerdo porque la memoria no se mide en segundos ni minutos y es hija de la desaparición mística que solo puede ser explicada cuando las mentes se fijan en lo esencial.








jueves, 1 de octubre de 2026

 



                           7

        CONSTRUCCIÓN (*)


¿Dónde estás?, le decía.

¿Dónde estás?

Te buscaba.

Me acercaba a tu casa y ya palpaba tu inmenso no estar.

Pronto acariciaría tu pelo y tu dura inexistencia.

Enseguida tomaré, decía para mi, tu cuerpo y tu olor a flores diminutas.

¿Porqué no estás?

Y como poseído de tu nombre, volaba a lo que podrían ser tus manos.

Mientras, me decía, le decía,

te amasaré con mis dedos y mis labios,

valiéndome de las palabras perdidas que encuentre en la calle,

vestigios y blasfemias, trozos de delirios y oraciones de vieja.

Y entonces serás ya como una hoguera de palabras extrañas

y, me decía,

yo no existiré tampoco, sino en ese fuego milagroso

pues allí, perdidos y encontrados, seremos los reyes de los pájaros.



(*)
No hay nada como volar para no ver el suelo, ver un mar de tierra de colores y las personas dándose la mano y los buenos días como si nada.

Los pájaros recogen con su pico las letras escritas por la gente de bien que han ido dejando en los suelos más inmundos para hacer sus nidos y besar por la noche a sus criaturas.





martes, 29 de septiembre de 2026

                   



                                                                                              Roberto Bolaño





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                      AZAR (*)



Ese hombre me miró a los ojos.

Me preguntó porqué hablaba solo.

¿Eres tonto?, me dijo.

De mi bolsillo interior saqué unos versos bárbaros y místicos

y los dicté a su cara, mascando un chicle y su dulzura.

¿Cómo te llamas?, me atreví a decir.

Y se fue con pasos largos y minuciosos.



(*)

La mística desbarata el trabajo de las zonas erógenas. A través de ellas circula el amor hecho carne, la carne deshecha en el amor, la tristeza cuando se fragmenta en chispas de dolor en medio de la noche oscura del alma.

Las zonas erógenas contienen, retienen, canalizan ese gozar con el fin de que el éxtasis no destruya al organismo que lo padece.

Pero la mística es el desbordamiento y hace del sujeto arrebatado un loco deshecho y fragmentado.

Al hombre que sale en el poema, aunque esto no aparece en el texto, le dije que estoy escribiendo un tratado, breve, sobre la agonía de la Mística y las Zonas Erógenas. La conclusión, que es también el punto de partida, porque el trabajo es circular y no tiene ni principio ni fin (ni principios ni finalidad) resulta obvia: la mística no es sino la escritura de un lenguaje que goza y se desborda de sus normas, que hace que la sintaxis se convierta en un runrún silencioso parecido al estertor y al gemido.

La mística aniquila la función correctora de las zonas erógenas que permiten un goce prácticamente inocuo.

Sin embargo, la ruptura de la mística del ordenamiento de los seres,  de su unidad, no digamos de su identidad, es transitoria, aunque no deje de ser una explosión, porque el fin y la sustancia de la mística, acercarse a un Otro infinitamente grande, hace que el sujeto se reduzca, incluso que desaparezca y que su desvarío se quede en nada, en la nada.

La mística, tras el desbordamiento que provoca el lenguaje furioso que goza, vuelve a recordar al sujeto su condición de menor y le señala la nada como su casa, la humildad como su uniforme de gala y sus pancartas.

Las zonas erógenas no cesan de cumplir su función, sobreviven al goce, preservan al organismo para que  viva, mientras que el efecto de la mística, el goce del lenguaje, reduce para siempre al sujeto que intentó deslizarse por la cresta de sus olas, lo hace nada o un escondido entre los otros.

Busco, más allá de la ciencia que sustenta mi trabajo, el dedo de san Juan que me señale a donde mirar para (no) tropezar con ese hombre que me miró a los ojos.






domingo, 27 de septiembre de 2026

 




                            5

                      ACTO (*)



Apenas el amante hubo llegado a la puerta del volcán,

ya quemándose, mortal en puro fuego,

vio la torre de Londres sujeta a unas cadenas.

Unos hombres oscuros con collares de perro en el cuello

limpiaban uno a uno los eslabones.

El último y a casa, se dijeron.

Cuando, tras el éxtasis, devino hombre de nuevo

gritó el amado:

¿no dijiste que ya no hay puertas en el cielo?



(*)

El amor se cuela en cada una de las células de los que aman, de los que respiran. Se cuela a través de la piel y de las zonas erógenas. Y es ese amor quien debe luchar en cada rincón de las moléculas con la muerte que en el mismo cuerpo fue inoculada desde los principios.

Cuando ha vencido el amor todos auguran la felicidad.





miércoles, 23 de septiembre de 2026

 




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GRACIAS, GRACIAS DE CORAZÓN (*)



En el cielo están Jeremías y el hombre que mató a Liberty Valance,

el as de oros, el grupo santander y el consejo de ministros,

el presidente reza en un excusado y entona canciones de amor grabadas en una cinta de plomo,

“alabado sea Dios”, cantan a coro todos los ángeles del cielo,

lo mejor de todo es enterarse por el editorial del diario independiente de la mañana

que todos los nacidos irán al cielo, incluso los agnósticos y los terratenientes,

todos al mismo cielo, sin examen de conciencia, sin juicio final.


Todos al cielo

donde aguardan la razón y la goma de borrar.


(*)

No existen las puertas del cielo. Las fronteras furon sublimadas por los versos incendiados de los místicos y de las místicas. Lenguas de fuegos derritiendo los deneís y los salvoconductos.

Gracias a ellos y a ellas sabremos hablar, ya para siempre, incluso cuando estemos del todo muertos.





domingo, 20 de septiembre de 2026

 








                                                                  3


                                                    SOBRE MI (*)



Sólo tus vestidos podrían cubrirme.

Estoy desnudo.

Soy una ofensa.

Perdóname,

señor



(*) 

Los vestidos, el lenguaje, nos cubren de los tiroteos de los otros y de los ojos disparados. La desnudez no es el silencio porque ella es el vestido que más tiempo sigue sobre nosotros. Es nuestro nombre que no para de gritar. 

El silencio es la oscuridad donde todas las cosas están a punto de ser palpadas.






miércoles, 16 de septiembre de 2026

 



   



                          2


      FENÓMENO NATURAL (*)


A medida que cruzaba el paso de cebra

sus miembros desaparecían.

Fué quedándose sin piernas, sin brazos,

llegó a ser nada.

Cuando alcanzó la acera,

al verse así,

al no verse,

al ver que ya no era

imaginó que sus moléculas se habrían esparcido por los universos,

que una gota de lluvia disolvería un átomo de lo que fue

hasta caer en una bella cara que mirara al cielo,

confundiéndose con una lágrima de amor enamorada.


Al poco, se levantó una airera barredora,

y se oyó decir solemnemente a una autoridad cualificada que había desaparecido de la gramática,

definitivamente,

el pretérito perfecto.



(*) En un abrir y cerrar de ojos surgen, por efecto de las fuerzas transformadoras, cambios inexplicables y así, por ejemplo, se pasa de ser humano a mariposa, y es entonces cuando el tiempo, al esfumarse, adquiere su condición de elemento sólido.

Esto conviene tenerlo en cuenta para asentar conceptos básicos de la mística.