Esta mañana mis
ojos no eran mis ojos
eran los ojos de un
dios tal vez menor
peregrino
y generoso que me los ha prestado
He mirado como hago
cada día las montañas que me miran
y he visto en sus
pliegues cristales de tiempo feliz coagulado como ámbar
y he visto lamentos
de niños extendiendo sus brazos para que su padre les librara del
horror
he visto la luz como
nadie la ha visto
y el secreto de la
sombra que esconde la nieve
he sabido lo que es
el blanco con sólo mirar
he visto cómo los
pasos se reúnen en una cima más allá del aire donde amarse
y las rendijas donde
viven eternamente los pájaros y las rocas
he visto en las
piedras el origen de la albahaca y de las algas
he visto escrito mi
nombre
he visto su rostro claro y joven
su pelo eléctrico enredado en
mis brazos encendidos
he visto recitar a
un caminante un poema avergonzado que escribí un día perdido entre
las horas
he visto levitar a
un hombre invisible
y a una mujer
invisible mostrando su sexo y su candor
he visto unos labios
que me dicen que tome mis ojos verdaderos
y que mire como
miran los dioses