jueves, 25 de junio de 2026

MUSEO NACIONAL

 



Una orden escueta prohíbe

a partir de mañana

que los pájaros vuelen en el cielo

y que el sol pinte de rojo el horizonte antes del sueño

prohíbe cualquier sonrisa verdadera

que no sea la mueca de enseñar los dientes repetidos

condena la presencia de niños feos en la calle

y a los pobres que a pesar de su pobreza dan los buenos días a cualquiera

todo eso

dice la ley

sólo estará en el museo nacional

bajo estricta vigilancia de un jurado popular

libre de toda sospecha comercial

allí se explicará la conveniencia de lo conveniente

a los niños

a los obreros

a los jubilados

a las mujeres

a los hombres

a las sociedades cívicas en general

a la junta general de generales

la ley advierte en una adenda

que si alguien quiere morirse por la pena

o por ser alérgico a la asepsia

sólo tiene que solicitar la muerte digna

que le será administrada

sin coste y con música de fondo

y si declara bajo juramento

que desea mirar con sus ojos finales

la luz extraña en el más allá del viaje

será obsequiado con una copa de ron

para que cante

para que sueñe

creyéndose un pirata mecido por el mar

feliz y derrotado en el último abordaje.


miércoles, 24 de junio de 2026

FELICIDAD, FELICIDAD.

 




Felicidad en el actual mercado de ideas no es un concepto, es sólo una palabra/envoltorio sometida, por lo tanto, a los ordenamientos de los funcionarios y vendedores que quieran utilizarla para seguir triunfando en sus afanes.

Hay partidos políticos que hablan, en el horizonte patibulario de sus programas, de felicidad, de felicidad y de pueblo feliz y hay numerosos artefactos publicitarios donde se predica que la felicidad está al alcance de quien quiera invertir treinta monedas de plata.

La palabra felicidad está sujeta a la política parlanchina, a la economía. Y, sin embargo, hay más, hablando de felicidad.

En la organizada ciudad, felicidad es adaptación a los ordenamientos que lo social impone. Todo está medido. Las risitas felices, los gemidos felices, la caída de ojos, el resplandor de los dientes et tout cela. Felicidad es orgullo por el éxito obtenido en la operación de adaptación a esas exigencias. Se es feliz como se es pijo, hay que alcanzar unos requisitos de buen gusto, aunque milites en el progresismo que dicta el sentido común de lo correcto.

Hay otra felicidad donde una explosión, el amor que tiende a la aniquilación de cualquier orden, por ejemplo, rompe los esquemas de las dos coordenadas.

La felicidad como adaptación se mira en el espejo y retoca el maquillaje ciudadano para gustar y ser gustada. Enfrente, la felicidad del extravío, que se las tiene que ver con el sufrimiento y con el pánico que lleva consigo asomarse al éxtasis.

Pues esta felicidad exige sacar la cabeza al exterior extremo, donde el silencio hace callar, y llenarse la cara de carbonilla.

Me gustaría saber qué felicidad, cuerda y desvencijada, embargaría a Dali cuando indagaba sumergir el Angelus de Millet en un barreño de leche, preguntándose a través de sus delirios si debía sumergir el cuadro por el lado del hombre o de la mujer.

Pues sólo un estado de felicidad permite arriesgarse a ese trabajo.

Pero que sais-je?.

Es difícil saber de la felicidad, de la propia o la del otro, porque, hablando de la felicidad de la explosión y el extravío, nada es lo que parece.

Cuando de muy joven encontré los libros de la colección que sais-je?, descubrí la breve felicidad de saber un poco más cada vez que leía uno y, sin ser apenas consciente, comprobar, casi al mismo tiempo, que la ignorancia es un pozo sin fondo que crecía y crecía con cada lectura.

Que sais-je? Que ese abismo sin fondo de la ignorancia es el lugar donde viven los que dicen no saber sabiendo.

Hay monedas de curso legal con las que se compran las cosas que ocupan lugar, las que alimentan la felicidad adaptativa del espejo, del brillo. Y monedas falsas, perras gordas negras como los dedos pobres que las acariciaron, chapas de gaseosas chafadas en las vías del tranvía del barrio con las que se puede invertir en otra felicidad que no tiene números que la contengan.

Imagino una película que contara cómo es el transcurrir hacia la felicidad: un largo travelling por un túnel en penumbra, o por una calle crepuscular y más bien pobre, unos faros iluminando rincones donde aparecen cosas horrorosas y cosas muy hermosas, manos enlazadas, gentes que se levantan ante el que, creyéndose amo, les quiere arrebatar su nombre y su vergüenza, manos que pintan, que escriben, que rezan cuando no saben que hacer con el dolor que las rebasa, una película que avanza hacia una luz que no se acaba de ver, que sólo cada espectador sabe si existe.

Ahora mismo llamaría al Stalker de Tarkovski para que me llevara de la mano a ese viaje, aunque sé que tanto valor para arriesgarse a ese mirar sólo lo tienen unos pocos iluminados, santos de la luz, a los que admiro y agradezco que no abandonen los rincones perdidos y hallados del mundo.



                                                      



























martes, 16 de junio de 2026

TARDE DE VERANO

 


Huele la tarde a tarde de verano

a hierbas innominadas y al polvo que hace nidos de recuerdos en algún sitio

y al agua perdida de cuando brotó el río en mis ojos

se confunde el ruido de unos pasos con la furia

y el deseo que sale de la jaula sobre pistas de serrin

huele a serrín

se oye un rugido y a veces la risa de un niño

se ven las luces imaginarias que nunca se apagan ni se encienden

se ven zapatos blancos haciendo caminos que cuesta descifrar

huele y se escucha y se ve la tarde de verano

mañana antes de anochecer caerá la tormenta y algo de lluvia

y podré aspirar el fin y la razón que nos envía el sol



viernes, 12 de junio de 2026

PÚTRIDA PATRIA



La casa, el lugar, la patria son formas, imágenes imaginarias, de nombrar la materia rodante de la vida, lo que queda de verdad en cada uno, ese work in progress donde el nombre del autor aparece sobre todo lo demás.

La casa, el lugar, la patria son proyecciones de la mente habituada a la geografía y a las coordenadas cartesianas. La casa, el lugar, la patria son espacios bidimensionales. Manejando una x y una y, los administradores establecen variantes que no pasan de ser una hoja temblona donde se escribe el horror.

La materia de la vida tiene, por el contrario, infinitas dimensiones y por eso su tiempo tiende a lo eterno y el sentido es reemplazado por la verdad, que tiene tantos nombres como ignorancias: sentimiento, dolor, amor, soledad, alegría, solidaridad, palpitación son, entre otros, nombres posibles.

Nadie llega a la patria de nadie. Llega, eso sí, a la vida del otro, al empeño de su vida, a ese lugar de infinitas dimensiones. A no ser que sólo busque armarse hasta los dientes y permanecer en el espacio de las dos dimensiones, guerreando de una forma u otra contra los que han preferido estar ajenos a las insignias distintivas y militantes, contra los que se pierden en la maraña del vivir, de crear, de perderse en paz en tierra de nadie.


martes, 9 de junio de 2026

AMNESIA Y VENTANAS DE LUZ

 

He olvidado totalmente el tiempo en que tuve que sentir los diástoles y las sístoles del corazón de mi madre, cuando debí estar en ella. Mi memoria no guarda rastro de aquello y esto me da que pensar, porque, sin embargo, recuerdo de una forma mitológica, como si fuese presente y futuro, cuando crecía en la soledad del sol, expuesto a la luz y a la distancia allí, en una terraza de un barrio pobre de la Barcelona ulterior. 

Tal vez mis células no sean células de carne y de sangre, sino de aire, que huele a sábanas lavadas entre la lejía y unas lágrimas tan adentradas que debieron hacer laberintos subterráneos en el cuerpo y en el corazón de mi madre. Como cualquiera, sé que estoy expuesto al recuerdo borrado, a su aparición, a la catástrofe de la totalidad, a la revelación. Recordar incluso lo borrado, incluso lo no vivido del todo, es el milagro que nos convertiría en un vino imposible, cuando sólo somos agua caída de la canaleta de nuestra casa cuando apenas éramos un nombre escrito para ser olvidado. 

Veo ahora mismo un árbol que muestra sus raíces desvestidas al aire, porque ese árbol debe de nutrirse del aire y de lo que por lástima, o por amor, van dejando los hombres y mujeres de aquello que les sobra o les falta, mientras la vida rula alrededor de un eje imaginario, que imagino como una columna de color púrpura. 

Muchas veces he trazado en el vaho de los cristales del invierno un dibujo que pretendía ser la imagen de la estructura íntima del mundo en el que vivo, y recuerdo cómo me llevaba, después, el dedo a mi boca y refrescaba un calor extraño que me perturbaba, de manera que encontraba un alivio placentero en el agua fría que brotaba de aquel dibujo filosófico y poético. Sin duda, con todas estas actividades, que son infinitas e inenarrables, pues todo lo real es una cosa y otra, he pretendido, y lo sigo haciendo, bordear esa amnesia de lo que debió ser el destino de todo. 

Daría todo por saber porqué lloraba mi madre. Ese es el título de un cuento que estoy escribiendo y que no encuentro por ninguna parte, que, a lo mejor, es el resto de un sueño en el que aparezco escribiendo un cuento para responder a la pregunta de porqué lloraba mi madre. Esto viene al caso porque está relacionado, con toda certeza, con la amnesia de cuando un niño, ya deseante, se ingurgitaba de gusto en las tripas de su mamá, tan joven y orgullosa. 

Somos seres olvidadizos, saltarines, canturreadores, ridículos a espalda de los espejos, self-estúpidos, castrados definitivamente, y las raíces desnudas de aquel árbol que vive de las migajas del aire son los falos múltiples que no existen, pero que marcan, como el dedo de San Juan, la dirección exacta del deseo, que dibuja los laberintos por donde buscaremos perdernos. 

Si vivir es perderse es porque sólo perdiéndose se puede encontrar la pista del recuerdo perdido, es decir, la fuerza del vivir. Ese recuerdo, que solo está en el conjunto de las cosas perdidas, es el espacio en blanco por donde mis vías nerviosa escarban para conectarse con los otros,  desconectados y suburbiales, componiendo brutalmente unos poemas inacabables, tontos y menos tontos como decires. 

No recuerdo nada de aquella primera estancia en el mundo de lo vivo, y eso puede significar que fui obligado a estar en otro sitio, en la luz del sol de la terraza donde empezaría, sin duda, a tejer las primeras incongruencias que luego llamaría palabras. La amnesia, ese respiradero, es una ventana necesaria por la que salir y entrar de lo sólido de la sinrazón y banalidad. Es la sábana blanca donde veo las películas emocionantes que dan cuenta de este mundo. Es la ventana indiscreta por la que los desplazados, los cojos de corazón,  se creen protagonistas al ver palpitar a los otros que, en la distancia, parecen verdaderos. Es la cortina rasgada por donde se cuela la oscuridad y la luz, formando sombras que tantas veces nos han interpelado para que les demos un sentido. 

Padezco del peso del sentido, esa es la condena que se me puso después de la expulsión, cargar con el sentido, no poder ser nunca un poeta, ni siquiera un poeta menor, cargar con el sentido que obliga a creer que las piedras son sólo piedras y que el aire es sólo aire. Así que me conformo con lanzar cohetes de una trilita de feria a ese espacio abierto de la amnesia, a ver si con la suerte del azar y los desechos que encuentro en el camino se forman en el aire unas palabras de humo, aunque solo digan que dicen querer decir. 

Como dijera John Ford, hay que escribir en la leyenda. En el terreno incierto de un no saber que busca la belleza y el bien. Así, ese recuerdo borrado lo reconstruyo en la leyenda, en el espacio vacío y soleado, no sé a que distancia del cuerpo de mi madre, en el que sigo, aunque sólo sea para dar cuenta de su in(tima)/existencia, de su pulsación

lunes, 8 de junio de 2026

SUEÑOS


                                                    La gata Sardinillas dando la vuelta a los mundos




                            Duerme 

                            duerme la gata

                            para existir sin ser

                            donde el Único cero es

                            de verdad

                            verdad



miércoles, 27 de mayo de 2026

TOCATA Y FUGA EN RE MENOR DEL OBJETO a

 




Perdido para siempre en lo oscuro del cuerpo

adentro

en el silencio de la materia

en el misterio de los números imposibles

en el decir de un dios no inventado

perdido en sí


sin ver siquiera

decía

llámame

con sus labios de arena

a ras del suelo


brilla un relámpago que ciega la luz

y desaparece ya

en el dulce abrazo de la inexistencia