Si alguien, como desde siempre viene
haciendo V.N., rastrea y busca en los márgenes del pensamiento los
papeles más estrambóticos, más inanes y, a menudo, explosivos,
llenos de serpentinas recicladas y de artefactos que, según y cómo,
pueden llegar a ser peligrosos, con el fin de estudiar aquello que
nunca va a leerse y que sin embargo contiene algo, diluido en la
evanescencia, que puede dar luz a nuestro mundo, no dudaría en
acercarse a los numerosos clubs de ociosos que se recrean en el solaz
de la vejez. Y que gastan su tiempo en urdir artefactos literarios y
filosóficos que no tienen necesidad de perdón.
Encontré el Club de Ociosos En Busca
del Tiempo Perdido por azar, yendo en en busca de esos tesoros
ocultos. Entré en su sede y, desparramadas en la mesa del salón que
hacía de sala de juntas, encontré una páginas recién impresas que
tomé como la pieza que buscaba y que voy a verter aquí, pues V.N.
considera que siempre es buena hora para aprender de lo que alguien
es capaz de hacer en los límites del aburrimiento oxidativo y en el
cosquilleo que aparece al reprimir la carcajada.
Era uno de esos clubs de ociosos
compuestos de jubilados letraheridos que toman lecciones de oscuros
maestros, casi siempre enervantes y, por definición, fracasados.
Las hojas que vi sobre la mesa
componían un texto titulado “Tratado de la Inexistencia. A
propósito de las creencias”. No vamos a reproducir sino unos
cuantos párrafos que concentran el meollo del contenido.
Introducción
“Es el lenguaje, alimentado con el
combustible de la imaginación, quien inventa y pone sobre la mesa de
los limitados humanos cosas que no existen junto al conjunto de las
cosas que realmente existen. Y, sobre todo, las crea para creer en
ellas, como salida a la frustración que les produce creer en algo
que realmente existe.”
“El humano busca, por encima de todo
creer en las cosas que no existen.”
“Ligar la creencia a la existencia
real de esa cosa esclaviza al humano que quiere y necesita creer y no
le permite elegir el objeto de su creencia, pues las cosas existentes
de la realidad, convertidas en objeto de su creencia, no dejan de
interpelarle y de recordarle que él, el humano, está subordinado a
lo real, su verdadero amo.”
“Creer en algo que no existe es un
acto de liberación”
“Creer en algo que no existe le hace
despegar del suelo, sortear las leyes físicas. Le lleva a suponer
que ese ser humano vislumbrará, en ese viaje enloquecido que es la
creencia en lo inexistente, lo inaccesible que puede contener aquello
de lo que carecen las cosas reales”
“Entre las cosas así creadas por la
anarquía del lenguaje, que no existen, está dios, cuya inexistencia
se da por hecha aun cuando su presencia y efectos sobre el sujeto
hablante, el creyente, son innegables”.
“Algo que no existe produce efectos
reales en alguien que existe, el creyente, ese ser real que ha sido
radicalmente modificado por la creencia en una cosa llamada, por
ejemplo, dios.”
“Creer no supone la existencia real
de la cosa en lo que se cree. Se puede creer en algo que no existe.”
“Sólo creer en algo que no existe es
creer, es crear”.
“No se puede decir: soy ateo porque
dios no existe. Porque el creyente puede responder que cree en dios
sabiendo que no existe.
Puede decir: soy ateo porque creo en
algo distinto a dios. Porque creo en algo que no existe que no dios."
“Al ateo y al creyente les une la
pasión por creer en la inexistencia y la necesidad de viajar por los huecos
de lo real para saber más allá de lo que este real les enseña”
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“En el mundo hay dos conjuntos de
cosas:
1 El conjunto de las cosas que existen.
2 El conjunto de las cosas que no
existen.
El mundo. ¿Qué es el mundo?: lo que
mi mente concibe al observar (a) la realidad y (b) la propia mente
que observa la realidad.
Las cosas. ¿Qué son las cosas? Son
aquello real que envuelve una palabra convertida en definición de la
cosa envuelta. Sabemos de la definición y no sabemos de la cosa que
la envuelve, salvo lo que sabemos por la definición.
Puesto que el número de definiciones
de cosas que existen es finito, el conjunto de las cosas que existen
tiene un número finito de elementos. Aunque alguna definición (la
serie de números enteros, por ejemplo) contenga un número infinito
de cosas.
Las palabras a la hora de penetrar lo
real se olvidan de Cantor y de las matemáticas y hacen cabriolas y
están a punto de dar a luz a lo poético. Las palabras, en lo
poético, vuelan solas, sueltas y no obedecen a ninguna ley excepto a
la expansión y al desparrame. A diferencia de los elementos que
conforman una ecuación que se enlazan según la ley matemática.”
“Lo poético y lo matemático son
modos asimétricos de decir lo que no se puede decir de las cosas.”
2
“El conjunto de las cosas que no
existen no tiene un número que lo contenga.
Ni una definición que lo explique.
El conjunto de las cosas que no existen
es un 0 en el conjunto de las cosas reales y es un infinito en el
conjunto de las cosas que no existen”
Si el 0 pudiera soñar tendría la
pesadilla de ser lo informe , todo. Sólo al despertar sería el 0,
sería un número, sería él, nada.”
3
“El conjunto
de las cosas que no existen tiene un número infinito de elementos y
es, a la vez, un conjunto vacío”
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“Si existe
ese conjunto es porque es necesario para la pervivencia del sujeto
hablante,”
“O
inexistencia o muerte”
”La
inexistencia es la entropía negativa de la que se alimenta el sujeto
hablante”
“La
serie de las cosas que no existen tiene su función: forma el
suelo por donde camina el ser humano desde el principio de su
existencia para ir más allá de lo real que lo habita y rodea.
Y, así, cuando aprendió a manejar la
pértiga del lenguaje y él mismo se hizo lenguaje, se nombró, se
tatuó con un nombre y se hizo más conocimiento que materia sólida,
se hizo fuerza para conectar con lo vacío, con eso otro que
el humano necesita para no ser sólo cosa.”
“Y el vacío es un espacio místico
donde la ley de la gravedad que organiza el mundo de las cosas reales
se suspende”
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“El vacío místico es el conjunto
vacío de las cosas que no existen.”
“Por ahí se aventuraron los
místicos y las místicas, los matemáticos iluminados, los
pobladores del bosque, los benjamines de las revoluciones antes de
serles cortadas las alas con el cuchillo de la razón en un viaje sin
retorno en busca de una luz nueva. Una luz que, gracias a ellos, nos
hace existir”
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El tratado, en su capítulo segundo,
entre otras cosas, dice:
“Ha sido necesario hablar de los dos
conjuntos de cosas, las que existen y las que no existen, para poder
abordar el tema central: ¿En qué se cree cuando se cree?
“Los enredos a la hora de definir la
palabra creer son múltiples:
a) dar por cierto algo, b) sospechar
que algo puede ser cierto, c) seducirse por algo que se cree cierto,
d) seducirse por algo que se sospecha que puede ser cierto, e)
seducirse por algo aunque no sea cierto”
7
“Falso e inexistente son términos
que definen cualidades distintas de una cosa.
Dios es una cosa inexistente porque no
está en el conjunto de las cosas que existen.
La bondad universal de los seres
humanos es un concepto falso, teniendo en cuenta la realidad de las
cosas que existen.”
Sólo lo que existe realmente puede ser
falso. Las cosas que no existen no soportan la definición de
falsedad.
Alguien puede creer en la bondad
absoluta del ser humano siempre que la considere como una cosa del
conjunto de las cosas que no existen”.
“No se puede creer en algo falso,
pero sí en algo que no existe”
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“¿Vivir valiéndose de creer en una
cosa que no existe es vivir en la inconsistencia, en una fuga
absoluta en una psicosis perpetua?”
“Sólo cuando el sujeto que cree en
algo que no existe registra lo real que sobre su ser produce su
creencia puede sistematizarla y alejarse del caos.
Los efectos reales producidos por el
acto de creer en algo que no existe vinculan la cosa inexistente con
lo real.
Todo vuelve a lo real, a lo existente.
Creer en algo inexistente produce efectos reales, cuantificables,
analizables y ello lo reintegra a lo existente, al rigor”.
9
Sobre la creencia y la identidad
“La creencia es un acto de fe en la
propia identidad. Creer en algo, para el sujeto hablante, es
mostrar la insignia de que pertenece al
grupo elegido. Aunque esto es válido sólo en el caso de la creencia
uniformada, de la creencia que es necesario asumir para pertenecer al
grupo.
Hay quien cree fuera de esta
homogeneidad impuesta, hay quien cree no para protegerse con el
uniforme de la identidad sino para dejarse caer libremente por el
precipicio al que conduce su creencia.”
“En este caso, la creencia es una
construcción no sometida, nueva y radicalmente asocial, no apta para
quienes padecen vértigo”
“Creer es un acto individual, aunque
la creencia compartida pueda formar sociedades, crear lazos
interpersonales. “
La creencia como construcción
subjetiva hace que un sujeto se vincule con algo que le hace sujeto
social y distinguido (único).”
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“Creer en dios es creer en algo que
pertenece al conjunto de las cosas que no existen . Algunos creyentes
dan por hecho que su dios pertenece al conjunto de las cosas que
existen. Esos confunden creencia con Ilusión.”
“Esta es la creencia más radical:
creer en algo que no existe.”
“Creer en lo que no existe rompe con
la ilusión de creerlo real. Es una creencia que no necesita de la
ilusión”
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“Creer
en lo que no existe es un acto libre y que sitúa al sujeto en lo
infinito del conjunto vacío”
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Que el lenguaje, animado por la
imaginación y por la necesidad del sujeto que lo habla, sea quien
crea las cosas que no existen, entre las que se encuentra dios, no
significa que sea capaz de crear algo real, algo que esté en el
conjunto de las cosas que existen.
El creyente no construye a su dios, no
lo hace cosa real. No busca esa operación”
“El sujeto cree porque su creencia
lo hace fuerte, distinto, distinguido y fieramente humano.
Creer en algo que no existe presupone
que más allá de la existencia de las cosas reales puede albergarse
ese objeto, ese dios que es la cosa que le falta a lo que existe”
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“El Ideal se confunde con esos
objetos de fe.
Un sujeto puede decir: creo que un
conocimiento me dará la seguridad para hacer tal cosa. Y lo
comprueba. El experimento confirma su teoría, la verdad de su
creencia en un momento dado. Aunque, en el correr del tiempo, el
experimento, la solidez de su creencia, falla. El conocimiento en el
que cree no le garantiza una seguridad perpetua. Por lo que el
sujeto insiste en creer y opta por creer en algo que le sacie
el deseo más secreto y oculto, indefinible; el orden de sí, la
completud.”
“Pasa del conjunto de las cosas que
existen al conjunto de las cosas que no existen para elegir el objeto
de su creencia.
Porque nada de lo que existe satisface
plenamente. Sólo algo que no existe puede ser ese objeto perfecto,
ideal.”
“Y esos viajes de las esferas
voladizas pueden construir hermosas líneas o adefesios de pólvora y
terror.”
“Porque lo que, para el sujeto
humano, está en juego es su supervivencia como ser.
Sólo la creencia en esos objetos de la
no existencia, los del conjunto vacío, pueden darle la energía para
que la entropía que lo real no le haga implosionar.”
“Porque, como venimos diciendo, en lo
real se encuentra la verdad. Y lo real es insoportable. Necesita
mediador.”
“El alma (nada) consuela al cuerpo
(lo real)”
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Cierra este Tratado un epílogo moral,
del que entresaco lo que sigue:
“¿Y la verdad?
¿Cómo pervive la verdad en estos
encuentros de lo que existe y no existe, en los laberintos de las
creencias humanas?”
“La verdad está ligada
exclusivamente a las cosas que existen.
Creer, por ejemplo, en una ley que
procura bienestar a las personas es acercarse a la verdad. Lo cual
sirve para construir un mundo más aceptable. Lo contrario es la
mentira, que produce un mundo inaceptable.”
“La creencia en algo que no existe
(dios, el ideal) no produce un efecto de verdad. No procura verdad
alguna. Esa creencia busca, más bien, la belleza, la armonía, la
paz perpetua, la bondad absoluta. Todo lo que no tiene que ver con la
verdad de las cosas que existen.
La belleza, la armonía, la paz, la
bondad absolutas no existen pero están entre lo que debería existir
y obliga al creyente a identificarse, en la medida de lo posible, con
tales objetos.”
Todo parece decirnos que el ser
humano necesita creer en lo que no existe para así estar preparado
para trabajar mejor con las cosas que existen, con la verdad
soportable, para hacer mejor este mundo, que no sabemos bien si
existe o no, pero que es el nuestro.”
“Creer en lo que no existe, crear
lo que no existe, supone enriquecer el conocimiento para vivir en la
realidad y no deshacerse en el camino”
Nota
No se le pasa por alto a V.N que estos
tratados excéntricos y farragosos, donde por los poros enormes de su
inconsistencia pretenden filtrar ideas con visos de originalidad,
siempre terminan con una consideración moral propia de viejecitos
que no quieren incomodarse con los huracanes del pensamiento.
Bastante han hecho, es el caso del Club de Ociosos En Busca del
Tiempo Perdido, con llegar hasta aquí.
Lo que anotamos para que el lector más
avezado pueda prescindir de esas codas y desintegrase, con placer, en
el fuego del discurrir de las palabras cuando disparatan en libertad.
Apéndice
Aunque parezca
difícil de creer, en Vías Nerviosas se desató una polémica a
propósito de la publicación del tratado cedido por El Club de
Ociosos En Busca Del Tiempo Perdido.
Un grupo de Vías,
no diré una facción porque ese término concita aberrantes dominios
semánticos y no es el caso, ni el momento, para sutilezas, estimó
conveniente volver al Club para aclarar unos conceptos que, según
ese grupo, quedaban particularmente oscuros. Y, tras largas
deliberaciones, se optó por entrevistar in situ a uno de los autores
del tratado para dirimir esas oscuridades.
En realidad nunca
hemos sabido si esos viajes a la sede el Club de Ocioso se llevaron a
cabo para esclarecer aspectos borrosos y desenfocados del texto o,
como cree la mayoría de Vías, fueron una excusa para escapar de la
grisura y aburrimiento que se respira en la redacción del blog ,
donde sólo se bebe café frío con leche semidesnatada mientras se
escucha el ronroneo exigente de la gata Sardinillas.
En cualquier caso,
damos cuenta de las indagaciones realizadas, que pueden ser de ayuda
para los insaciables lectores:
V.N. El dios que no
existe de los creyentes, ¿es el mismo que el dios de las
religiones monoteístas?
C.O.E.B.D.T.P. El
dios que no existe es el germen, el origen de todos los dioses. Es
ese fuego inicial que, con el frío y la entropía, cristaliza
objetos más fácilmente comprensibles para el sujeto humano. Ese
frío, esa entropía es, en el caso de los dioses de las religiones
monoteístas, el libro, cada uno de los libros de esas religiones.
Crean, a partir de la ráfaga creativa de la inexistencia, unos
códigos, unas leyes, una organización, una política que acerca el
origen, la inexistencia, a la creencia en una cosa que existe: el
Libro.
V.N. !Vaya, vaya!
No sé si hay algo más que añadir.
C.O.E.B.D.T.P. Ya
que estamos aquí, le diré algo más. Como decimos en el Tratado, el
dios que no existe produce efectos sobre el creyente. Y que esos
efectos se expanden por un viaje casi lisérgico hacia la belleza y
bondad extremas, sin dejarse ralentizar por el rozamiento de la
Verdad al que están sometido las cosas, y los sujetos reales. En
contraposición a esto, en el caso de las religiones del Libro, lo
que reciben sus creyentes no son efectos sino normativas
a las que someterse sin que sea posible salirse de las raya. Es como
si los creyentes en el dios que no existe, manteniendo su pureza
mística, fueran esos pintores brutos que con una brocha y los
colores más baratos, acrílicos caducados de las tiendas de los
chinos, pintaran arrebatadas monstruosidades de extrema belleza e
insoportable emoción, sin considerar nada más que el acto de
pintar, la revelación del color y la tendencia a la totalidad, a
diferencia de los pintores académicos que sólo pintan en los
espacios que la raya ordenada les delimita.
V.N. ¿En resumen?
C.O.E.B.D.T.P. Tome
nota: El único dios verdadero es el dios que no existe. El resto es
una forma de ordenar a los grupos humanos en reductos, que, por otra
parte, tal vez sean necesarios para evitar la hecatombe.
V. N. Pues, muy
bien. Gracias y larga vida a su club.