jueves, 10 de septiembre de 2020

¿QUÉ SERÁ DEL OTOÑO? Capítulo 2














 




Miraba a un pozo donde el negro brillaba

pues ayer hubo sol y el agua fue capaz de guardar entre sus moléculas de vida

algo de la luz, ahora yéndose despacio hacia las grietas,

y sus ojos anegados de lágrimas de barro

batían la charca y unas mariposas también ajenas

brotaban sin más entre tanta desolación


¿qué será del otoño?

pudiera haber pensado el hombre, mirándose en el espejo

más claro de todos, al fondo miraba,

donde los vértigos se ríen de si mismos,

donde cae la mirada y se adivina el arcos iris infinito de la vida

nunca procesada en la memoria, nunca plasmada en la ecuación,

nunca atrapada en la red, siempre múltiple

en los panes,

en los peces,

en el hambre y el amor.


martes, 8 de septiembre de 2020








 



             CÁPSULAS PARA UNA TERAPIA MEDICAMENTOSA DE LAS VÍAS NERVIOSAS


                                                                          1


El hipo del hipar diafragmático del hombre alambrado que ronroneaba despacio en un idioma sánscrito y aletreado las cifras de la peste, que se llama Simón/Pedro, se oía allende los cristales y quienes escuchaban ese hipar se tragaban su propio hipo y se hacía así un silencio sepulcral que daba paso a la noche y a la paz perpetua.


P.D. (Nota poiética)

Esta cápsula de letras que acabo de cocinar admite en su composición, si así se desea, comino. Si se toma por los ojos, y no por la boca, no sabe a nada, pero revela su propia esencia: la interrupción tartamuda de las metáforas, siempre inconclusas, la marcha atrás como método de construir un final sin final.


viernes, 4 de septiembre de 2020

¿QUÉ SERÁ DEL OTOÑO? Primera parte




 Como sea que no hay nada serio fuera de la serie, inicio hoy la primera entrega de la que llamo "¿Qué será del otoño?"

Que les coja desprevenidos, deseo, que entre las sombras y turbiedades de la ropa de estar en casa se les cuelen las goteras vespertinas de la felicidad y de la confabulación de los poiéticos.




                                                       ¿QUÉ SERÁ DEL OTOÑO? 

                                                                         Primera parte


¿qué será del otoño?

¿qué será de las tardes cuando vayan en fila de a uno

al frío,

a los  cuchillos?

y de la oscuridad,

¿qué será

cuando la luz completamente se haya ido

y nos deje una ausencia cada vez más oscura?


¿qué será de la noche

cuando vaya durmiéndose en sí misma

y tarde cada vez más en despertar?


¿qué será del amarillo

que dejan en la piel de las casas

los últimos lamentos del sol

para que sigan viviendo

los viejos y los presos

que miran detrás de los cristales eternamente duros

y ciegos?


¿qué será del otoño

cuando el fuego de su roja cabeza

se apague del todo,

cuando advierta la nieve

de la traición

y lleguen sin avisar los recuerdos?


martes, 18 de agosto de 2020

CUANDO PHILIP GLASS ESTUVO EN MI CASA

 







un tren me lleva a Philip Glass



Philip Glass,

eran las seis de la mañana,

me pasa la mano por encima

y va y me dice que le deje sitio en la cama,

y de un manotazo me echa, y yo, siempre a la expectativa

de su genio, le cedo el sitio y empiezo

a tocar unas notas que acabo de soñar,

y Philip, que no duerme todavía, me acusa de plagiario y yo,

en un rapto de rebeldía, al filo de la madrugada 

le reprendo y le suplico, bajando los ojos,

          que me enseñe otra vez la mortaja que celosamente guarda

y, acercándose al armario, me toma de la mano

y juntos escuchamos al bach 

que corría empujado por la cuerda del tren de juguete

en las vías que formaban un círculo infinito encima de la mesa camilla,

que ambos compramos después de la ruina,

o antes,

nada importa ahora.


sábado, 15 de agosto de 2020

INSTANTE

 




Salta el agua,

es una lluvia anárquica

apocopada, muda, sin sentido,

parásita de la luz sobrante,

desprendida del verano


en el exceso vive ese brillante escarabajo,

casquinoso, embetunado, negro,

espantosamente cóncavo,

muriendo del revés, haciéndole la burla

a dios con sus tres pares de patas


si una gota de esa agua cayese en el ocelo

sería el fin del mundo:

aquel abuelo, que detrás de la verja

de la residencia de ancianos,

hablaba a través de su móvil con su hijo,

diez metros más acá, en la calle,

en plena vida civil,

hubiese volado por los aires

que olían a cianuro y a

exterminio


mío es el tiempo,

decía el viejo a su hijo,

aquí en la vagoneta que tarde o temprano

me llevará de nuevo a Polonia,

hago cruces con mis horas del pasado,

¡qué voy a decirte que te haga feliz,

hijo mío, hijo de mis sueños!

No olvides de ponerte tu máscara cívica,

debes saber que te obliga la ley,

y vete,

que yo aquí paso las horas mirando las cuentas

del rosario

de las horas vividas,

y les saco brillo y, así,

trenzo una geometría que nunca podrás entender,

y que será la que me lleve a las puertas del cielo


el huracán vuelve del derecho

el corpachón del escarabajo,

brilla una ventana de luz

por un instante

aparecida en su casco transoceánico

hecho de la misma dureza del brillo del agua,

y después de lo que pudo haber sido

el fin del mundo,

vuelve la tarde, su temblor,

sus ansias, el crepúsculo,

y todo lo nuevo

se desvanece en mis manos




lunes, 10 de agosto de 2020

SANTO








 


A ver si hoy me persigue con tesón

la furia de los santos,

a ver si de una vez me alcanza,

me abate, me hace claudicar aunque tenga que gritar

cobardemente y pedir auxilio

patas arriba, braceando, agarrando por el cuello

a quien me quiera hincar el diente desde los reinos de la beatitud y la bondad


no busco el milagro de los buenos,

ni la dulce mirada solidaria de los justos,

busco la fiera dentellada de lo santos

que vivieron de espaldas a la casa paterna, en la lejanía,

en la indiferencia histérica

de las cuevas y de los desiertos,

en los estercoleros abandonados

donde vivió mi amigo Job

cuando era el hazmerreir de los que habían sobrevivido

a las pandemias de la verdad y de la luz


a ver si hoy al levantarme

me noto preso,

descubro una argolla de hierro

en las patas de mi cama,

unos clavos que me claven donde manará la sangre

fuera de las lógicas de las necesidades,

en pleno centro de la sombra

donde una vez se posó el caos

el mismo día, o la misma noche, que salimos de la nada

y vimos como los santos

quemaban el ábaco y la lira

y hacían aspavientos a los reflejos de la verdad,

esa palabra aciaga que ardorosamente hundimos en un hoyo,

de donde nacieron las ciudades,

el mismo día de nuestra marcha


A ver si hoy me da la mano

la bondad extrema, y no me pide cuentas,

y me la llevo a comer y a dormir,

y nos contamos cuentos inventados

per secula seculorum.

Amen




CAMINANTE







 



Descansaba en las sombras.

De una a otra caminaba sumergido en la luz,

una luz atravesada por un blanco salido del fuego.

La luz era tan viva que casi disolvía su cuerpo,

que se convertía en un despojo oscuro

parecido a un papel quemado,

a veces se parecía más al humo

o a una brizna de polvo puesta en evidencia por un rayo de sol


Llegaba a la sombra

siendo casi inexistente,

pero el agua fresca le devolvía el cuerpo:

si hubiera tenido un espejo delante

podría haberse reconocido y decir su nombre,

ese soy yo


Vuelto al camino,

la luz era tan grande

que hubo momentos en que el caminante

se convertía en un solo punto de esa luz

y parecía no existir ya más,

era ya un ser borrado para los ojos,

pero él viajaba en ese éxtasis porque seguía existiendo

aunque sólo fuese un poco de luz en la gran luz que le quemaba,

y su mirada vigilaba el camino de tierra

que le llevaba a la otra sombra,

al agua, al renacer


No tenía casa,

vivía en el camino,

entre el cuerpo tangible de las sombras

y la disolución de la luz,

rodeado por un fuego

que no aprendió a nombrar