martes, 29 de septiembre de 2026

                   



                                                                                              Roberto Bolaño





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                      AZAR (*)



Ese hombre me miró a los ojos.

Me preguntó porqué hablaba solo.

¿Eres tonto?, me dijo.

De mi bolsillo interior saqué unos versos bárbaros y místicos

y los dicté a su cara, mascando un chicle y su dulzura.

¿Cómo te llamas?, me atreví a decir.

Y se fue con pasos largos y minuciosos.



(*)

La mística desbarata el trabajo de las zonas erógenas. A través de ellas circula el amor hecho carne, la carne deshecha en el amor, la tristeza cuando se fragmenta en chispas de dolor en medio de la noche oscura del alma.

Las zonas erógenas contienen, retienen, canalizan ese gozar con el fin de que el éxtasis no destruya al organismo que lo padece.

Pero la mística es el desbordamiento y hace del sujeto arrebatado un loco deshecho y fragmentado.

Al hombre que sale en el poema, aunque esto no aparece en el texto, le dije que estoy escribiendo un tratado, breve, sobre la agonía de la Mística y las Zonas Erógenas. La conclusión, que es también el punto de partida, porque el trabajo es circular y no tiene ni principio ni fin (ni principios ni finalidad) resulta obvia: la mística no es sino la escritura de un lenguaje que goza y se desborda de sus normas, que hace que la sintaxis se convierta en un runrún silencioso parecido al estertor y al gemido.

La mística aniquila la función correctora de las zonas erógenas que permiten un goce prácticamente inocuo.

Sin embargo, la ruptura de la mística del ordenamiento de los seres,  de su unidad, no digamos de su identidad, es transitoria, aunque no deje de ser una explosión, porque el fin y la sustancia de la mística, acercarse a un Otro infinitamente grande, hace que el sujeto se reduzca, incluso que desaparezca y que su desvarío se quede en nada, en la nada.

La mística, tras el desbordamiento que provoca el lenguaje furioso que goza, vuelve a recordar al sujeto su condición de menor y le señala la nada como su casa, la humildad como su uniforme de gala y sus pancartas.

Las zonas erógenas no cesan de cumplir su función, sobreviven al goce, preservan al organismo para que  viva, mientras que el efecto de la mística, el goce del lenguaje, reduce para siempre al sujeto que intentó deslizarse por la cresta de sus olas, lo hace nada o un escondido entre los otros.

Busco, más allá de la ciencia que sustenta mi trabajo, el dedo de san Juan que me señale a donde mirar para (no) tropezar con ese hombre que me miró a los ojos.






domingo, 27 de septiembre de 2026

 




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                      ACTO (*)



Apenas el amante hubo llegado a la puerta del volcán,

ya quemándose, mortal en puro fuego,

vio la torre de Londres sujeta a unas cadenas.

Unos hombres oscuros con collares de perro en el cuello

limpiaban uno a uno los eslabones.

El último y a casa, se dijeron.

Cuando, tras el éxtasis, devino hombre de nuevo

gritó el amado:

¿no dijiste que ya no hay puertas en el cielo?



(*)

El amor se cuela en cada una de las células de los que aman, de los que respiran. Se cuela a través de la piel y de las zonas erógenas. Y es ese amor quien debe luchar en cada rincón de las moléculas con la muerte que en el mismo cuerpo fue inoculada desde los principios.

Cuando ha vencido el amor todos auguran la felicidad.





miércoles, 23 de septiembre de 2026

 




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GRACIAS, GRACIAS DE CORAZÓN (*)



En el cielo están Jeremías y el hombre que mató a Liberty Valance,

el as de oros, el grupo santander y el consejo de ministros,

el presidente reza en un excusado y entona canciones de amor grabadas en una cinta de plomo,

“alabado sea Dios”, cantan a coro todos los ángeles del cielo,

lo mejor de todo es enterarse por el editorial del diario independiente de la mañana

que todos los nacidos irán al cielo, incluso los agnósticos y los terratenientes,

todos al mismo cielo, sin examen de conciencia, sin juicio final.


Todos al cielo

donde aguardan la razón y la goma de borrar.


(*)

No existen las puertas del cielo. Las fronteras furon sublimadas por los versos incendiados de los místicos y de las místicas. Lenguas de fuegos derritiendo los deneís y los salvoconductos.

Gracias a ellos y a ellas sabremos hablar, ya para siempre, incluso cuando estemos del todo muertos.





domingo, 20 de septiembre de 2026

 








                                                                  3


                                                    SOBRE MI (*)



Sólo tus vestidos podrían cubrirme.

Estoy desnudo.

Soy una ofensa.

Perdóname,

señor



(*) 

Los vestidos, el lenguaje, nos cubren de los tiroteos de los otros y de los ojos disparados. La desnudez no es el silencio porque ella es el vestido que más tiempo sigue sobre nosotros. Es nuestro nombre que no para de gritar. 

El silencio es la oscuridad donde todas las cosas están a punto de ser palpadas.






miércoles, 16 de septiembre de 2026

 



   



                          2


      FENÓMENO NATURAL (*)


A medida que cruzaba el paso de cebra

sus miembros desaparecían.

Fué quedándose sin piernas, sin brazos,

llegó a ser nada.

Cuando alcanzó la acera,

al verse así,

al no verse,

al ver que ya no era

imaginó que sus moléculas se habrían esparcido por los universos,

que una gota de lluvia disolvería un átomo de lo que fue

hasta caer en una bella cara que mirara al cielo,

confundiéndose con una lágrima de amor enamorada.


Al poco, se levantó una airera barredora,

y se oyó decir solemnemente a una autoridad cualificada que había desaparecido de la gramática,

definitivamente,

el pretérito perfecto.



(*) En un abrir y cerrar de ojos surgen, por efecto de las fuerzas transformadoras, cambios inexplicables y así, por ejemplo, se pasa de ser humano a mariposa, y es entonces cuando el tiempo, al esfumarse, adquiere su condición de elemento sólido.

Esto conviene tenerlo en cuenta para asentar conceptos básicos de la mística.


jueves, 10 de septiembre de 2026

 






                             VIAS NERVIOSAS



                                            Segunda parte





Hasta el final, dure lo que dure, lo que va a transitar por estas Vías Nerviosas va a ser un largo poema fragmentario con veleidades postapocalípticas y decididamente filomístico, es decir, con la mirada en una lejanía fértil que combata la miseria y la falacia de los decires tontos que nos ordenan la vida y la muerte.

Lo místico pretende ser, llegarse a ser, un lenguaje otro, tan otro que no existen recursos en el lenguaje utilitario que puedan decir algo de aquel, siquiera que es un lenguaje. Lo más lejano, lo sólo mirado. Es el silencio que se cuela sin ser silencio detectable. Lo místico puede nombrar veladamente  lo insoportable sin que se rompa el lenguaje en el acto de decirlo.

Pido a las santas y a las brujas, que se atrevieron a mirar, a ensombrecerse mientras se asombraban de ver lo que veían, y a decirlo por escrito, que me transmitan algo de su bondad y de su fuerza.

Así sea.





                                                                   1


                                              Explosión de la metáfora (*)



Era un hombre que tenía la forma de un monigote pintado por un niño.

Me miraba a los ojos.

Movía su brazo y me mostraba

con ardor

un lugar: el mercado donde compraba la comida su madre en otros tiempos.

Sonreía,

todo en él era beatífico.

El hombre tenía la cara de color naranja.




(*) Se refiere al segundo tiempo de la metáfora. Tras el trabajo de la condensación las fuerzas opuestas, la disgregación, la explosión, deshacen los sentidos ocultos y germinativos creados en el primer tiempo y lanzan un sinfín de sinsentidos que apuntan a cada partícula del universo, conectándose todas y cada una de ellas con el pobre yo que habla.

Por eso, el verdadero título del poema es “ Santa Teresa de Jesús recuerda a su confesor en un momento de calma”







lunes, 17 de agosto de 2026

FIN

 


Sabiéndose solo

buscó el viejo garabato que había escondido en otro tiempo

Como por miedo a su poder lo había enterrado en lo perdido

los trazos y el papel estaban ya podridos

y olían lo mismo que la carne de los muertos


Hubiera en ese instante querido

ser una de aquellas mujeres apartadas

clausuradas

dadas al loco amor y al esacrificio

y absorber con su boca el pus de aquel andrajo

y mostrar de nuevo la terrible belleza del principio


Nos besamos con los ojos cerrados para siempre

sabemos de la vida

del vivir

y no del mundo.


Nos besamos felices

inocentes

sea así éste el principio y fin de las cosas

y del tiempo.



NOTA

Doy fin a la primera parte de Vías Nerviosas.

Este ha sido el poema de despedida.

Pronto Vías Nerviosas continuará transmitiendo nuevas corrientes.

Esperad.