La gata Sardinillas dando la vuelta a los mundos
Duerme
duerme la gata
para existir sin ser
donde el Único cero es
de verdad
verdad
de-ciencia poiética
Duerme
duerme la gata
para existir sin ser
donde el Único cero es
de verdad
verdad
Perdido para siempre en lo oscuro del cuerpo
adentro
en el silencio de la materia
en el misterio de los números imposibles
en el decir de un dios no inventado
perdido en sí
sin ver siquiera
decía
llámame
con sus labios de arena
a ras del suelo
brilla un relámpago que ciega la luz
y desaparece ya
en el dulce abrazo de la inexistencia
de sus alas habían brotado unas letras de humo
un humo que no viene del fuego sino del hielo
donde se enfrían las cervezas de los que ponto irán a morir
eran las alas del ángel que vivía escondido
en un rincón barroco del confesionario que encontré
casualmente
en un desguace cuando lo que buscaba
de verdad
era el dibujo que un día hice de su rostro
sus alas eran el volcán
así lo comprendí cuando todavía el tren no había salido
donde el filósofo se precipitó para ver de cerca el fuego
y el amor
y la estructura del humo
y la ecuación de los ángeles
y el olor de la madera barroca que oscurece
en el dolor de los no arrepentidos
Escúchenme:
Me mordió un perro/robot
que andaba fuera de control por la calle De las delicias
Como fuera que sangré
me fui directo a las urgencias de la seguridad social
no fuera que la rabia me asaltara
Allí me recibió un equipo que funcionaba con Windows 10
o superior
tras ser interrogado se me dijo que el perro/robot
es aséptico por fin
y que nada
muchacho
que a lo sumo un cosido y que busque un abogado
no sea que mi carne mortal haya infectado
al perro
al robot
y que ahora sea ya un transmisor inocente de mis rabias
o peor
siguió diciendo el colegiado
que usted le haya pasado con su sangre el don humano
al artefacto
y sus códigos se enreden con lo que quede del alma que aún le habita
así que yo me ocupo
me dijo el susodicho,
de dar el parte a la Red y usted se esconde
no sea que le juzguen
que le escupan
que le lleven del ronzal al cementerio de los necios.
¿No era ésta la cueva donde un día
el monstruo jugó con la niña y le mostró la flor
donde el monstruo inundó el mundo con la máxima pureza
donde la niña descubrió la bondad oculta de los hombres
donde un agujero escondía el tic tac del corazón que no perdona
de tanto amor como precisa?
Vuelvo al abrazo
al principio
donde el origen era un gemido
casi un llanto
un bramido para querer ser ciegos
vuelvo al abrazo
seguro que allí el amor hacía su nido con las pajas de la tristeza
mi casa
mi cuna
vuelvo al abrazo y al principio
el mundo ha girado sin saber que giraba
ha mostrado su cara que es una y repetida
y los huecos debajo de los cuales se esconden las cosas
vuelvo al abrazo
al abrazo.
Es la segunda vez que recuerdo haber soñado con Pedro Sánchez.
Otra vez en el agua. Pedro Sánchez es un pez globoso, un barbo, según el saber que me dicta el sueño. Por la boca excreta un hilo de un barro de color del cobre, que, en el agua, permanecía en forma de hélices cabriolísticas. Por detrás expulsa un rótulo que dice “estas palabras son barro”. La escena me parece grata y apacible. De repente, observo una escama brillante que destaca entre las otras de ese pez que parece agrandarse imperceptiblemente. Al ver esa escama, algo me dice que el final va a suceder, un final catastrófico, un hundimiento, un cometa desatado de muerte o locura. Estoy horrorizado y me fugo al despertar. Sin despertar, sigo soñando que he despertado, que me consuelo diciéndome que lo anterior sólo ha sido una pesadilla. Me sosiego. Junto a mi está Pedro Sánchez en persona. Lo miro. Observo que tiene una cicatriz que le atraviesa la cara. Parece muy joven, inseguro, no dice nada. Lo miro con cierta compasión y lo que veo es un muchacho solitario y dejado de la mano de dios. No sé como sigue el sueño y cuando despierto, ahora ya de verdad, anoto lo que recuerdo.