sábado, 11 de enero de 2025

SIN TÍTULO

 






Si, cuando ya definitivamente polvo

del suelo en los caminos olvidados,

aún quisiera alcanzar tu piel con mis átomos dispersos

para cubrir sus restos de los helados vientos

y tú, completa, me acogieras aunque ya no recordaras mi nombre

iniciaría inocente el círculo infinito de la existencia






miércoles, 8 de enero de 2025

El hombre que recordó su sueño.

 


El hombre mira su violín como, si lo tuviera, miraría a un hijo. Lo mira con asco, culpándole de su existencia. Llega a casa y mira su violín. Veinte años de su vida no fueron suficientes para pagarlo. Testigo de todos sus fracasos, ahora, al llegar a casa, su violín le recuerda que está un poco más muerto. Se quita los zapatos que compró hace seis años en unas rebajas de invierno, que le cubren el dolor eterno de sus pies, ese dolor que todavía le sujeta a la vida. Cuando toca en el quinteto sólo espera soportar el dolor de sus pies sin que su rostro lo revele, pero nunca consigue que su fiel dolor le llegue vivo a las manos y de ellas al arco, a las cuerdas, al corazón de la música. A su imagen y semejanza, la música le brota muerta y el quinteto formado por músicos desacreditados, prematuramente viejos, incapaces de sostenerse en el aluvión de emociones que, a cada uno de ellos, les ha ido matando, es un triste cadáver de cinco cabezas vestido de camarero. Tocan para un público analfabeto, sordo, para turistas envilecidos, para quien cree ser absuelto de sus impudicias si pasa por la sacristía de un auditorio cochambroso donde se puede oír música gratis.

Cuando llega a casa el hombre mira su violín y llora. Sabe que vale menos que su violín y le pide perdón como haría con un hijo, si lo tuviera, cuando éste le mostrase su insuficiencia y su necesidad de controlar el odio que le inspira. Gasta algún dinero en esmaltes que cubran las heridas inevitables del instrumento y, periódicamente, manda hacerle una radiografía para saber si el alma está en su sitio. Hay días que el violín le dice, con el olor de la madera, con el brillo, con la temperatura de su piel, que es feliz y, entonces, el hombre no sabe que hacer con las manos y se le olvidan los trinos y le sale una música aún más plana como una estepa pobre. Es que ese hombre no puede estar a la altura de ninguna felicidad. Tiene cincuenta años y en su casa, que heredó de sus padres, huele a ropa húmeda y nunca puede desprenderse de ese olor que, junto al dolor de sus pies, le acompaña como perro fiel. Mira su violín con pena y se pone a pensar tristemente en la soledad de su violín cuando él ya no esté. Y piensa que se mataría si su violín, por alguna circunstancia, desapareciera. Cuando, en voz, alta, dice que Schubert le da más calor, y que ese calor, alguna vez, le llega a las manos y siente como su arco de arquea de una manera prodigiosa como si doblara su cerviz ante la belleza efímera de alguna nota suelta, que el propio Mozart, que el mismo Beethoven, ante los que no puede sino sentir un atroz temor y sus manos, cuando intentan atacarles, no paran de tartamudear y sus oídos  oyen las mofas de esos maestros convertidos, siempre, en unos padres poderosos y aniquiladores. Mañana hará sol, se dice a sí mismo en voz alta para que lo oiga el violín. Por la mañana, junto a la ventana que da al levante, su instrumento brillará como un joven cobrizo y sano de Cremona, su cuerpo se caldeará y será entonces cuando el hombre cierre los ojos y ponga su cara junto a la madera y consiga conciliar el sueño. Y entonces soñará, siempre es así, que la música le envuelve con suavidad, como una madre buena envuelve el cuerpo del hijo, soñará que ama la música por encima de todo, le llamará mamá, a la música, mamá, mamá, dirá, incluso en voz alta. Olvidará ese sueño que es lo único que contiene la verdad de su vida. Lo olvidará y cuando despierte se encontrará con su violín taciturno flotando alrededor de sus pies envueltos en el dolor en medio de un día repetido .


¿Cómo pudo ocurrir? Un día el hombre recordó su sueño. Nada más despertar cogió su violín y lo desgarró, si puede decirse así, con un golpe certero en el alféizar de la ventana que da al levante. Borracho de alegría, tomó el autobús para llegar al miserable local donde ensaya su quinteto y, nada más llegar,  a voz en grito suplicó que le dejaran tocar un violín viejo que se guarda para que jueguen con él los músicos más pobres. 

Y el hombre se da cuenta de que los pies no le duelen y que su mano es capaz de recorrer caminos nuevos, unos caminos que en cierta ocasión le fueron mostrados.



























































martes, 24 de diciembre de 2024

HOMBRE QUE DESDE SU VENTANA MIRA LA CALLE

 





HOMBRE QUE DESDE SU CASA MIRA LA CALLE


Es la calle quien le mira

cuando por la ventana

mira

mira

la calle le mira con tanto desdén que el hombre desiste de mirar.

Imagina otras calles que atravesadas de campos bíblicos

se meten con calor en la oscuridad de su cama.





jueves, 5 de diciembre de 2024

CIUDAD

 








                                               CIUDAD 1



Poco antes de que la niebla del parque solitario disolviera

a la vieja ondulada y a su hija que del brazo la llevaba a un silencio cada vez más cercano,

vi brotar alrededor un vapor amoroso, que apenas se notaba desde la distancia







                                              CIUDAD 2




La tarde era una esquina blanca,

la esquina blanca que recogía el sol desbaratado,

y una alfombra amarilla de plantas secas y de papeles borrados

sobre los pies que brincaban ante la huida,

porque esos eran los pies que querían saltar el océano,

cruzar la calle para buscar el más allá de lo que veían sus ojos,

tocar al fin una mano real y notar el frío oculto del amor










martes, 26 de noviembre de 2024

MATERNIDAD

 





                         MATERNIDAD


De la mano parecía que el viento me llevaba

El cierzo de la noche había entrado en mi casa

Sería en sueños cuando me dijo que mirara su dedo

señalando una especie de risa que se clavaba en su cuerpo




                                        2


El polvo invisible de los pasos que se iban


Descartado el niño

mirando una distancia que imaginaba divina


Cuando llovía o lloraba

el barro era una lámina extraña que cubría mi piel antes del temblor




                                      3


Yo no sé lo que quedó en la cueva

cuando fui sacado

con la única misión de buscar también allí.






martes, 19 de noviembre de 2024

MAÑANA

 






apareció

vestida de niebla

humedecida de tanta bendición de tanto amor que le fue dado

sus manos venían de vestir al muerto

sus ojos de un sueño consumado

sus pies del camino y de recibir el frasco de perfume

su voz venía de llamarme tantas veces

su materia de hacerse presente para siempre

siquiera en un rincón pobre de mi casa

por eso abrí la puerta y dejé que el viento me abrazara





viernes, 15 de noviembre de 2024

LUIS MARTIN-SANTOS LLORA CUANDO VE A SUS HIJOS LIMPIAR CON LEJIA LA TUMBA EN LA QUE VIVE

 





LUIS MARTIN SANTOS LLORA CUANDO VE A SUS HIJOS LIMPIAR CON LEJIA LA TUMBA EN LA QUE VIVE



Si sólo era una línea recta

trazada según dicta la verdad cuando ésta engaña

no es un hombre que exige

para ser

líneas cruzadas

que como hierbas secas se enredan en el campo cuando el aire vive.


Es entonces cuando el polvo

insulta a los ojos para que vean

a las piernas para que se arrodillen

a los brazos para que hagan aspavimientos ante el milagro

a los labios mandados callar para que esperen el beso que vuelve.