¿Cómo pudo ocurrir?
No saber que aún quedaban dos minutos antes del telón, de la estampida.
¿Cómo pude quedarse quieto en el dolor y en el miedo y no ver que por delante había un tiempo indivisible para vivir desatado aquel misterio?
No saber que el tiempo habría podido congelarse y olvidarse de sí.
Y vivir, envuelto para siempre en aquella música, en su presencia, en tanta lejanía.
¿Cómo pudo elegir ser siervo del dolor, de la certeza del final, de sólo ser capaz de ver su espalda desapareciendo?
¿Cómo haber creído el cuento que le contaron los que hacen el infierno?
Y no haber dejado que los pájaros hiciesen el espacio.
Y no vivir en el amor de ser para siempre.
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