Nuestros cuerpos son los ríos que van a dar al amar
que es el fluir
Tú ya te vas sobre las aguas,
apenas anegada, casi viva,
en ese viaje irremediable del adios.
Y yo, sujeto, quieto,
caído como un muerto mortal, ajusticiado
miro arriba como si aún tuviera ojos
Ya solo queda llamar al río dulce
y pedirle que me lleve de la mano a ti,
ya solo ausencia, solo musgo,
donde fluyes nueva, en el silencio.(1)
1)
Los poemas fracasan. Porque al principio hay una luz, una voz, llegadas de donde no se sabe, del saber, de dentro, de donde el horno no para de construirnos, que ordena la palabra. Y ya en el día, en la feria, en la ciudad, un pobre hombre mira las yemas de sus dedos y quiere que hablen, que digan lo que la voz y la luz habían dejado caer en ese relámpago que no tiene tiempo. Y así, el poema fracasa, el hombre se mesa el cabello sentado en una silla frente a su café ya frío, que contiene la última metáfora que podrá salvarle.
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