Enrique Vila Matas
8
TRATADO BREVE SOBRE LAS DESAPARICIONES
Cuando ya hubo desaparecido (*)
se encontró de bruces con el hombre de la gabardina oscura
y se saludaron sin mirase a la cara
mientras se cruzaban unas vocales de arena.
Ya difuminados, cada uno se sentó en una mesa distinta mirando al mar.
Pidió uno un martini seco y el otro un bocadillo de calamares con un tinto de verano.
Qué bien se está en ningún sitio,
pensó uno.
Qué ganas tenía de meterle mano a este horizonte,
pensó el otro moviendo los labios,
dejando escapar migas de pan y trozos de rebozo de sus calamares.
De repente un avión ficticio, posiblemente teledirigido, lanzó unas bombas incendiarias
y el escenario se renovó en un pispás y quedó dispuesto para nuevas desapariciones.
(*)
Lo que puede ocurrir en el espacio de tiempo inconmensurable durante el éxtasis y/o la levitación no está sujeto mas que a la lógica de las narrativas puras y sublimes.
Un día, al despertar, me encontré a mi lado la boca de D. Enrique dictándome al oído un cuento fabulario donde un guardia con casco blanco se comía un pavo que le había regalado un motorista acomodado el día de Nochebuena. No recuerdo el final, pero sí el suave olor a golosina de la boca de D. Enrique.
Viene a cuento este recuerdo porque la memoria no se mide en segundos ni minutos y es hija de la desaparición mística que solo puede ser explicada cuando las mentes se fijan en lo esencial.

No hay comentarios:
Publicar un comentario