Sabiéndose solo
buscó el viejo garabato que había escondido en otro tiempo
Como por miedo a su poder lo había enterrado en lo perdido
los trazos y el papel estaban ya podridos
y olían lo mismo que la carne de los muertos
Hubiera en ese instante querido
ser una de aquellas mujeres apartadas
clausuradas
dadas al loco amor y al esacrificio
y absorber con su boca el pus de aquel andrajo
y mostrar de nuevo la terrible belleza del principio
Nos besamos con los ojos cerrados para siempre
sabemos de la vida
del vivir
y no del mundo.
Nos besamos felices
inocentes
sea así éste el principio y fin de las cosas
y del tiempo.
NOTA
Doy fin a la primera parte de Vías Nerviosas.
Este ha sido el poema de despedida.
Pronto, Vías Nerviosas continuará transmitiendo nuevas corrientes.
Esperad.
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