Perdido para siempre en lo oscuro del cuerpo
adentro
en el silencio de la materia
en el misterio de los números imposibles
en el decir de un dios no inventado
perdido en sí
sin ver siquiera
decía
llámame
con sus labios de arena
a ras del suelo
brilla un relámpago que ciega la luz
y desaparece ya
en el dulce abrazo de la inexistencia
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