lunes, 2 de febrero de 2026

TRATADO DE LA INEXISTENCIA

 



Si alguien, como desde siempre viene haciendo V.N., rastrea y busca en los márgenes del pensamiento los papeles más estrambóticos, más inanes y, a menudo, explosivos, llenos de serpentinas recicladas y de artefactos que, según y cómo, pueden llegar a ser peligrosos, con el fin de estudiar aquello que nunca va a leerse y que sin embargo contiene algo, diluido en la evanescencia, que puede dar luz a nuestro mundo, no dudaría en acercarse a los numerosos clubs de ociosos que se recrean en el solaz de la vejez. Y que gastan su tiempo en urdir artefactos literarios y filosóficos que no tienen necesidad de perdón.

Encontré el Club de Ociosos En Busca del Tiempo Perdido por azar, yendo en en busca de esos tesoros ocultos. Entré en su sede y, desparramadas en la mesa del salón que hacía de sala de juntas, encontré una páginas recién impresas que tomé como la pieza que buscaba y que voy a verter aquí, pues V.N. considera que siempre es buena hora para aprender de lo que alguien es capaz de hacer en los límites del aburrimiento oxidativo y en el cosquilleo que aparece al reprimir la carcajada.

Era uno de esos clubs de ociosos compuestos de jubilados letraheridos que toman lecciones de oscuros maestros, casi siempre enervantes y, por definición, fracasados.

Las hojas que vi sobre la mesa componían un texto titulado “Tratado de la Inexistencia. A propósito de las creencias”. No vamos a reproducir sino unos cuantos párrafos que concentran el meollo del contenido.


                                                                      Introducción

“Es el lenguaje, alimentado con el combustible de la imaginación, quien inventa y pone sobre la mesa de los limitados humanos cosas que no existen junto al conjunto de las cosas que realmente existen. Y, sobre todo, las crea para creer en ellas, como salida a la frustración que les produce creer en algo que realmente existe.”

“El humano busca, por encima de todo creer en las cosas que no existen.”

“Ligar la creencia a la existencia real de esa cosa esclaviza al humano que quiere y necesita creer y no le permite elegir el objeto de su creencia, pues las cosas existentes de la realidad, convertidas en objeto de su creencia, no dejan de interpelarle y de recordarle que él, el humano, está subordinado a lo real, su verdadero amo.”

“Creer en algo que no existe es un acto de liberación”

“Creer en algo que no existe le hace despegar del suelo, sortear las leyes físicas. Le lleva a suponer que ese ser humano vislumbrará, en ese viaje enloquecido que es la creencia en lo inexistente, lo inaccesible que puede contener aquello de lo que carecen las cosas reales”

“Entre las cosas así creadas por la anarquía del lenguaje, que no existen, está dios, cuya inexistencia se da por hecha aun cuando su presencia y efectos sobre el sujeto hablante, el creyente, son innegables”.

“Algo que no existe produce efectos reales en alguien que existe, el creyente, ese ser real que ha sido radicalmente modificado por la creencia en una cosa llamada, por ejemplo, dios.”

“Creer no supone la existencia real de la cosa en lo que se cree. Se puede creer en algo que no existe.”

“Sólo creer en algo que no existe es creer, es crear”.

“No se puede decir: soy ateo porque dios no existe. Porque el creyente puede responder que cree en dios sabiendo que no existe.

Puede decir: soy ateo porque creo en algo distinto a dios. Porque creo en algo que no existe que no dios."

“Al ateo y al creyente les une la pasión por creer en la inexistencia y la necesidad de viajar por los huecos de lo real para saber más allá de lo que este real les enseña”


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“En el mundo hay dos conjuntos de cosas:

1 El conjunto de las cosas que existen.

2 El conjunto de las cosas que no existen.

El mundo. ¿Qué es el mundo?: lo que mi mente concibe al observar (a) la realidad y (b) la propia mente que observa la realidad.

Las cosas. ¿Qué son las cosas? Son aquello real que envuelve una palabra convertida en definición de la cosa envuelta. Sabemos de la definición y no sabemos de la cosa que la envuelve, salvo lo que sabemos por la definición.

Puesto que el número de definiciones de cosas que existen es finito, el conjunto de las cosas que existen tiene un número finito de elementos. Aunque alguna definición (la serie de números enteros, por ejemplo) contenga un número infinito de cosas.

Las palabras a la hora de penetrar lo real se olvidan de Cantor y de las matemáticas y hacen cabriolas y están a punto de dar a luz a lo poético. Las palabras, en lo poético, vuelan solas, sueltas y no obedecen a ninguna ley excepto a la expansión y al desparrame. A diferencia de los elementos que conforman una ecuación que se enlazan según la ley matemática.”

“Lo poético y lo matemático son modos asimétricos de decir lo que no se puede decir de las cosas.”


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El conjunto de las cosas que no existen no tiene un número que lo contenga.

Ni una definición que lo explique.

El conjunto de las cosas que no existen es un 0 en el conjunto de las cosas reales y es un infinito en el conjunto de las cosas que no existen”

Si el 0 pudiera soñar tendría la pesadilla de ser lo informe , todo. Sólo al despertar sería el 0, sería un número, sería él, nada.”

                                                           

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El conjunto de las cosas que no existen tiene un número infinito de elementos y es, a la vez, un conjunto vacío”


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Si existe ese conjunto es porque es necesario para la pervivencia del sujeto hablante,”

O inexistencia o muerte”

La inexistencia es la entropía negativa de la que se alimenta el sujeto hablante”

La serie de las cosas que no existen tiene su función: forma el suelo por donde camina el ser humano desde el principio de su existencia para ir más allá de lo real que lo habita y rodea.

Y, así, cuando aprendió a manejar la pértiga del lenguaje y él mismo se hizo lenguaje, se nombró, se tatuó con un nombre y se hizo más conocimiento que materia sólida, se hizo fuerza para conectar con lo vacío, con eso otro que el humano necesita para no ser sólo cosa.”

“Y el vacío es un espacio místico donde la ley de la gravedad que organiza el mundo de las cosas reales se suspende”


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El vacío místico es el conjunto vacío de las cosas que no existen.”

Por ahí se aventuraron los místicos y las místicas, los matemáticos iluminados, los pobladores del bosque, los benjamines de las revoluciones antes de serles cortadas las alas con el cuchillo de la razón en un viaje sin retorno en busca de una luz nueva. Una luz que, gracias a ellos, nos hace existir”


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El tratado, en su capítulo segundo, entre otras cosas, dice:

“Ha sido necesario hablar de los dos conjuntos de cosas, las que existen y las que no existen, para poder abordar el tema central: ¿En qué se cree cuando se cree?

“Los enredos a la hora de definir la palabra creer son múltiples:

a) dar por cierto algo, b) sospechar que algo puede ser cierto, c) seducirse por algo que se cree cierto, d) seducirse por algo que se sospecha que puede ser cierto, e) seducirse por algo aunque no sea cierto”


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“Falso e inexistente son términos que definen cualidades distintas de una cosa.

Dios es una cosa inexistente porque no está en el conjunto de las cosas que existen.

La bondad universal de los seres humanos es un concepto falso, teniendo en cuenta la realidad de las cosas que existen.”

Sólo lo que existe realmente puede ser falso. Las cosas que no existen no soportan la definición de falsedad.

Alguien puede creer en la bondad absoluta del ser humano siempre que la considere como una cosa del conjunto de las cosas que no existen”.

“No se puede creer en algo falso, pero sí en algo que no existe”


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“¿Vivir valiéndose de creer en una cosa que no existe es vivir en la inconsistencia, en una fuga absoluta en una psicosis perpetua?”

“Sólo cuando el sujeto que cree en algo que no existe registra lo real que sobre su ser produce su creencia puede sistematizarla y alejarse del caos.

Los efectos reales producidos por el acto de creer en algo que no existe vinculan la cosa inexistente con lo real.

Todo vuelve a lo real, a lo existente. Creer en algo inexistente produce efectos reales, cuantificables, analizables y ello lo reintegra a lo existente, al rigor”.


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                                                     Sobre la creencia y la identidad

“La creencia es un acto de fe en la propia identidad. Creer en algo, para el sujeto hablante, es

mostrar la insignia de que pertenece al grupo elegido. Aunque esto es válido sólo en el caso de la creencia uniformada, de la creencia que es necesario asumir para pertenecer al grupo.

Hay quien cree fuera de esta homogeneidad impuesta, hay quien cree no para protegerse con el uniforme de la identidad sino para dejarse caer libremente por el precipicio al que conduce su creencia.”

“En este caso, la creencia es una construcción no sometida, nueva y radicalmente asocial, no apta para quienes padecen vértigo”

“Creer es un acto individual, aunque la creencia compartida pueda formar sociedades, crear lazos interpersonales. “

La creencia como construcción subjetiva hace que un sujeto se vincule con algo que le hace sujeto social y distinguido (único).”


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“Creer en dios es creer en algo que pertenece al conjunto de las cosas que no existen . Algunos creyentes dan por hecho que su dios pertenece al conjunto de las cosas que existen. Esos confunden creencia con Ilusión.”

“Esta es la creencia más radical: creer en algo que no existe.”

“Creer en lo que no existe rompe con la ilusión de creerlo real. Es una creencia que no necesita de la ilusión”


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Creer en lo que no existe es un acto libre y que sitúa al sujeto en lo infinito del conjunto vacío


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Que el lenguaje, animado por la imaginación y por la necesidad del sujeto que lo habla, sea quien crea las cosas que no existen, entre las que se encuentra dios, no significa que sea capaz de crear algo real, algo que esté en el conjunto de las cosas que existen.

El creyente no construye a su dios, no lo hace cosa real. No busca esa operación”

“El sujeto cree porque su creencia lo hace fuerte, distinto, distinguido y fieramente humano.

Creer en algo que no existe presupone que más allá de la existencia de las cosas reales puede albergarse ese objeto, ese dios que es la cosa que le falta a lo que existe”                   


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“El Ideal se confunde con esos objetos de fe.

Un sujeto puede decir: creo que un conocimiento me dará la seguridad para hacer tal cosa. Y lo comprueba. El experimento confirma su teoría, la verdad de su creencia en un momento dado. Aunque, en el correr del tiempo, el experimento, la solidez de su creencia, falla. El conocimiento en el que cree no le garantiza una seguridad perpetua. Por lo que el sujeto insiste en creer y opta por creer en algo que le sacie el deseo más secreto y oculto, indefinible; el orden de sí, la completud.”

“Pasa del conjunto de las cosas que existen al conjunto de las cosas que no existen para elegir el objeto de su creencia.

Porque nada de lo que existe satisface plenamente. Sólo algo que no existe puede ser ese objeto perfecto, ideal.”

Y esos viajes de las esferas voladizas pueden construir hermosas líneas o adefesios de pólvora y terror.”

“Porque lo que, para el sujeto humano, está en juego es su supervivencia como ser.

Sólo la creencia en esos objetos de la no existencia, los del conjunto vacío, pueden darle la energía para que la entropía que lo real no le haga implosionar.”

“Porque, como venimos diciendo, en lo real se encuentra la verdad. Y lo real es insoportable. Necesita mediador.”

“El alma (nada) consuela al cuerpo (lo real)”


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Cierra este Tratado un epílogo moral, del que entresaco lo que sigue:

“¿Y la verdad?

¿Cómo pervive la verdad en estos encuentros de lo que existe y no existe, en los laberintos de las creencias humanas?”

“La verdad está ligada exclusivamente a las cosas que existen.

Creer, por ejemplo, en una ley que procura bienestar a las personas es acercarse a la verdad. Lo cual sirve para construir un mundo más aceptable. Lo contrario es la mentira, que produce un mundo inaceptable.”

“La creencia en algo que no existe (dios, el ideal) no produce un efecto de verdad. No procura verdad alguna. Esa creencia busca, más bien, la belleza, la armonía, la paz perpetua, la bondad absoluta. Todo lo que no tiene que ver con la verdad de las cosas que existen.

La belleza, la armonía, la paz, la bondad absolutas no existen pero están entre lo que debería existir y obliga al creyente a identificarse, en la medida de lo posible, con tales objetos.”

Todo parece decirnos que el ser humano necesita creer en lo que no existe para así estar preparado para trabajar mejor con las cosas que existen, con la verdad soportable, para hacer mejor este mundo, que no sabemos bien si existe o no, pero que es el nuestro.”

Creer en lo que no existe, crear lo que no existe, supone enriquecer el conocimiento para vivir en la realidad y no deshacerse en el camino”


                                                                    Nota

No se le pasa por alto a V.N que estos tratados excéntricos y farragosos, donde por los poros enormes de su inconsistencia pretenden filtrar ideas con visos de originalidad, siempre terminan con una consideración moral propia de viejecitos que no quieren incomodarse con los huracanes del pensamiento. Bastante han hecho, es el caso del Club de Ociosos En Busca del Tiempo Perdido, con llegar hasta aquí.

Lo que anotamos para que el lector más avezado pueda prescindir de esas codas y desintegrase, con placer, en el fuego del discurrir de las palabras cuando disparatan en libertad.


                                                                   Apéndice

Aunque parezca difícil de creer, en Vías Nerviosas se desató una polémica a propósito de la publicación del tratado cedido por El Club de Ociosos En Busca Del Tiempo Perdido.

Un grupo de Vías, no diré una facción porque ese término concita aberrantes dominios semánticos y no es el caso, ni el momento, para sutilezas, estimó conveniente volver al Club para aclarar unos conceptos que, según ese grupo, quedaban particularmente oscuros. Y, tras largas deliberaciones, se optó por entrevistar in situ a uno de los autores del tratado para dirimir esas oscuridades.

En realidad nunca hemos sabido si esos viajes a la sede el Club de Ocioso se llevaron a cabo para esclarecer aspectos borrosos y desenfocados del texto o, como cree la mayoría de Vías, fueron una excusa para escapar de la grisura y aburrimiento que se respira en la redacción del blog , donde sólo se bebe café frío con leche semidesnatada mientras se escucha el ronroneo exigente de la gata Sardinillas.

En cualquier caso, damos cuenta de las indagaciones realizadas, que pueden ser de ayuda para los insaciables lectores:


V.N. El dios que no existe de los creyentes, ¿es el mismo que el dios de las religiones monoteístas?

C.O.E.B.D.T.P. El dios que no existe es el germen, el origen de todos los dioses. Es ese fuego inicial que, con el frío y la entropía, cristaliza objetos más fácilmente comprensibles para el sujeto humano. Ese frío, esa entropía es, en el caso de los dioses de las religiones monoteístas, el libro, cada uno de los libros de esas religiones. Crean, a partir de la ráfaga creativa de la inexistencia, unos códigos, unas leyes, una organización, una política que acerca el origen, la inexistencia, a la creencia en una cosa que existe: el Libro.

V.N. !Vaya, vaya! No sé si hay algo más que añadir.

C.O.E.B.D.T.P. Ya que estamos aquí, le diré algo más. Como decimos en el Tratado, el dios que no existe produce efectos sobre el creyente. Y que esos efectos se expanden por un viaje casi lisérgico hacia la belleza y bondad extremas, sin dejarse ralentizar por el rozamiento de la Verdad al que están sometido las cosas, y los sujetos reales. En contraposición a esto, en el caso de las religiones del Libro, lo que reciben sus creyentes no son efectos sino normativas a las que someterse sin que sea posible salirse de las raya. Es como si los creyentes en el dios que no existe, manteniendo su pureza mística, fueran esos pintores brutos que con una brocha y los colores más baratos, acrílicos caducados de las tiendas de los chinos, pintaran arrebatadas monstruosidades de extrema belleza e insoportable emoción, sin considerar nada más que el acto de pintar, la revelación del color y la tendencia a la totalidad, a diferencia de los pintores académicos que sólo pintan en los espacios que la raya ordenada les delimita.

V.N. ¿En resumen?

C.O.E.B.D.T.P. Tome nota: El único dios verdadero es el dios que no existe. El resto es una forma de ordenar a los grupos humanos en reductos, que, por otra parte, tal vez sean necesarios para evitar la hecatombe.

V. N. Pues, muy bien. Gracias y larga vida a su club.