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SOBRE MI (*)
Sólo tus vestidos podrían cubrirme.
Estoy desnudo.
Soy una ofensa.
Perdóname,
señor
(*)
Los vestidos, el lenguaje, nos cubren de los tiroteos de los otros y de los ojos disparados. La desnudez no es el silencio porque ella es el vestido que más tiempo sigue sobre nosotros. Es nuestro nombre que no para de gritar.
El silencio es la oscuridad donde todas las cosas están a punto de ser palpadas.
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